Cuando casi se concretó la compra de HBO por parte de Netflix, la gente empezó a llevarse las manos a la cabeza, como si el último bastión de las series arriesgadas y de calidad fuera a caer en manos del algoritmo. No nos equivoquemos: hace tiempo que HBO coquetea con ser Netflix y que la plataforma que parece haber cogido el testigo del ruidito de encendido de pantalla es Apple TV+. El año seriéfilo de Apple nos ha dejado la confirmación de una rareza maravillosa como Severance, una comedia tan grande como The Studio y Pluribus, lo último del señor Vince Gilligan.

No creo que los huérfanos de Better Call Saul nos hubiésemos siquiera acercado a adivinar el argumento de Pluribus cuando empezaron a sonar noticias de que Vince Gilligan estaba preparando un salto a la ciencia ficción. Lo que sí se supo desde el primer momento es que estaría Rhea Seehorn, y con eso ya nos tenía. Y es que Pluribus es ella, Carol Sturka, la última humana en la Tierra; bueno, casi la última.

Borja Peinado

Borja Peinado

Redactor

Para poder explicar esta última afirmación hay que hacer un ligero spoiler y entrar de lleno en el argumento. No importa: saber de qué trata no es lo mismo que acompañar a Carol.

La trama: toda la población mundial está infectada con un virus que, básicamente, otorga la felicidad absoluta a cada individuo. A cambio, el individuo deja de existir y todo el mundo queda conectado por una especie de wifi humano, sintiendo y recordando lo mismo.

¿Por qué Carol es casi la última humana? Al igual que otras doce personas, a ella no le afecta el virus.

Todo esto lo sabemos prácticamente en el primer capítulo. ¿Cómo puede aguantar una serie de nueve episodios en los que la protagonista apenas puede hablar con nadie que no sea ChatGPT? Dos razones: Rhea Seehorn y un guion para enmarcar. Por cierto, al fin le empiezan a caer los premios a Seehorn que tanto se mereció y que se le negaron dando vida a Kim Wexler.

Se ha hablado mucho de las referencias de Pluribus: El último hombre vivo, La invasión de los ultracuerpos, La cosa, El pueblo de los malditos… De todas ellas hay algo, claro. A mí, personalmente, en su vertiente filosófica me hace pensar mucho en The Good Place, sobre todo en las preguntas que nos surgen al acabar cada capítulo. A través de una premisa tan increíble como que toda la humanidad esté conectada y en paz consigo misma y con el propio planeta, Pluribus es capaz de exponer todos los sinsentidos de nuestra mierda de sociedad ultracapitalista. Nos habla de cómo vivimos, de lo que nos importa y de lo que debería importanos. Cada uno que decida si merece la pena perder la intimidad y la individualidad en pos de ser felices, ¿no?

Para los fans del universo Gilligan, sí: hay muchos guiños. El más obvio es que la protagonista vive en Albuquerque, y hay muchos más, sobre todo en lo visual y en la composición de planos. Además, en ese universo, como no podría ser de otra forma, sigue teniendo cabida ese humor fino y áspero que siempre dibuja una sonrisa extraña en el rostro.

La serie está renovada, pero al parecer tendremos que esperar un mínimo de dos años para su segunda temporada. Estoy seguro de que la espera merecerá la pena; solo espero que la apuesta de Apple TV+ por la serie no se caiga por el camino.