Desde Malta llega una de las propuestas más difíciles de encasillar del panorama urbano actual: Kodin Hill, raro ejemplo de artista capaz de moverse con naturalidad entre géneros que rara vez se cruzan. Su formación musical tiene un origen muy concreto —el metal, que escuchó de forma casi exclusiva durante su adolescencia—, pero lo que ha hecho con esa base a lo largo de los años es lo que le distingue: convertir la agresividad del grito metalero en un ingrediente más dentro de un rap profundamente melódico.

Esa mezcla se traduce en un flow cambiante, capaz de pasar del canto melódico al grito de alta energía dentro de una misma canción, sin que la transición resulte forzada. Es una propuesta que entiende el género no como un compartimento estanco, sino como un almacén de recursos del que tirar según lo que la canción necesite en cada momento, y que convierte a Kodin Hill en un artista tan imprevisible como coherente dentro de su propia lógica interna.

Con un recorrido que combina influencias tan dispares como el metal y el rap melódico, Kodin Hill se suma a una generación de artistas que ya no entiende las etiquetas de género como fronteras, sino como puntos de partida. Es, en ese sentido, una propuesta que encaja perfectamente en el tipo de descubrimientos que interesan a quienes siguen de cerca los cruces menos evidentes entre estilos.