DISCO DEL MES DE ABRIL DE 2026

Sonido Muchacho

Hay discos que entran sin pedir permiso, que no necesitan explicación porque funcionan desde el primer impacto. El nuevo trabajo de Mujeres, Es un dolor inexplicable, es exactamente eso: una sacudida inmediata, una combustión emocional que arranca sin freno y te arrastra durante medio disco sin darte tiempo a reaccionar.

Desde la inicial “Alucinante”, donde ese teclado inesperado amplía su universo sin traicionar su ADN, el trío formado por Pol Rodellar, Arnau Sanz y Yago Alcover vuelve a demostrar por qué llevan dos décadas siendo una rara avis dentro de la escena. Canciones que parecen ya conocidas, que suenan familiares desde la primera escucha sin caer en la repetición, y que conectan directamente con algo muy primario: el impulso, la emoción, el golpe directo al cerebro. En ese primer tramo, todo sucede rápido, casi violento, como una descarga. “Cristales”, más oscura y con ese nervio garajero que siempre han sabido manejar, introduce un matiz que ensancha el relato sin romper su cohesión.

Fernando Tello

Fernando Tello

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Pero si algo define este disco es el fuego. No como metáfora vacía, sino como energía que lo atraviesa todo: la intensidad del instante, la combustión de las emociones, la celebración incluso de lo que se pierde. Mujeres llevan veinte años alimentando esa llama, resistiendo a modas, a inercias de la industria y a la tentación de convertirse en otra cosa que no son. Y eso, en un contexto plagado de fórmulas recicladas y artificios, los convierte en algo esencial.

Grabado en La Mina (Granada) junto a Raúl Pérez, este séptimo trabajo funciona también como un compendio de todo lo que han sido: el garage primitivo, la épica de la amistad, la urgencia melódica y ese equilibrio perfecto entre distorsión y pop. Pero además añade algo más: una conciencia clara de quiénes son y por qué siguen aquí. No hay cálculo de crecimiento ni estrategia de algoritmo; hay autogestión, comunidad y una manera casi artesanal de entender la música, desde los vinilos cuidados hasta la relación directa con su público.

En su tramo final, el disco baja pulsaciones sin perder pegada. No es un cierre de los que no interesan, de los que entran de relleno, sino un cambio de velocidad que permite que las canciones respiren y dejen poso. Ahí aparece esa otra cara de Mujeres, la que no solo golpea sino que también emociona desde la repetición, desde la insistencia, desde esa idea de seguir adelante pase lo que pase. Porque si algo atraviesa el álbum es esa certeza: seguirán. Pase lo que pase. Y nosotros lo aplaudimos, y seguiremos marcando en rojo los días de sus conciertos cercanos.

No hay temas de relleno. Todos funcionan, todos invitan a volver. Es un disco que no se agota, que gira y gira, como el vinilo al que ya le hemos dado la vuelta muchas veces, y siempre ofrece algo más. Siguen siendo una banda de “café para muy cafeteros”, sí, pero también una puerta abierta para quien quiera entrar ahora. “Es un dolor inexplicable” no solo reafirma a Mujeres: los coloca en ese punto donde pocas bandas llegan. El de hacer exactamente lo que quieren, como quieren, y que eso siga importando. Y mucho.