Carmen Lafuente

Carmen Lafuente

Redactora

Madrid, 1 de marzo de 2021. Auditorio Nacional

La vigésimo sexta edición del ciclo “Grandes Intérpretes” de la Fundación Scherzo se inició este martes día 16 de febrero con un concierto a cargo del pianista Joaquín Achúcarro, el cual estuvo dedicado al compositor alemán Johanes Brams.

El concierto se inició con el pianista frente al micrófono, hecho que no suele ser habitual, para ofrecer al público algunos apuntes sobre la sonata op. 5 de Brahms, la que es su tercera y última sonata. Esta sonata fue  compuesta en 1853 cuando Brahms tan solo tenía 20 años y está formada por cinco movimientos (allegro, andante espressivo, scherzo: allegro enérgico con trío, intermezzo y finale: allegro moderato ma rubato). 

Aunque en el primer movimiento el pianista estaba un poco frío, a partir del segundo se pudo contemplar la delicadeza y elegancia características de Achúcarro, destacando la magnífica interpretación del segundo y cuarto movimiento.

A continuación, el pianista interpretó tres intermezzi de los 5 que estaban marcados en el programa, entre los que se encontraban el Intermezzo op. 118 nº2 y el op. 117 nº2..

El Opus 117 fue compuesto por Brahms en el año 1892 y consta de 3 piezas. El opus 118 fue escrito tan solo un año después y está formado por 6 intermezzi los cuales están dedicados a Clara Schumann.

La interpretación de los intermezzi por parte de Achúcarro fue fantástica, en los que se reflejó esa absoluta delicadeza comentada anteriormente, pudiéndose sentir una emoción contenida por parte del público madrileño durante su interpretación.

Para concluir el programa oficial del concierto el pianista interpretó la Rapsodia op. 79 nº2 en sol menor la cual fue compuesta en el año 1879 y junto a su compañera de opus, la Rapsodia op 79 nº1 en si menor, dedicada a Elisabeth Von Herzogenberg.

Fue una interpretación en la que, como era de esperar, el maestro Achúcarro controló perfectamente los forte ya que en esta rapsodia es fácil que ciertas partes queden excesivamente sonoras llegando a rozar incluso el golpeo.

A pesar de que el bilbaíno llevaba ya una hora y diez de concierto y sin descanso debido a las medidas sanitarias tomadas por la pandemia de Covid 19, no se quiso marchar sin ofrecerle al público tres bises en los que dio cabida al compositor francés Debussy al interpretar el Claro de Luna  y mostrar al Achúcarro más virtuoso con la interpretación del preludio Fuegos Artificiales.

Para poner el broche de oro al concierto, Achúcarro regresó a las composiciones de Brahms para interpretar el Intermezzo op. 117 nº1, que en palabras del propio intérprete es “una canción de cuna”.

Solo se puede concluir afirmando que Joaquín Achúcarro ofreció este martes en el Auditorio Nacional de Música de Madrid una auténtica “Master Class” de cómo deben interpretarse las obras de Johannes Brahms.