Madrid. 8 de julio de 2023, Espacio Mad Cool.

Última jornada de un Mad Cool “nuevo” que tiene que ir a comprar una libreta grande para apuntar todo lo que tiene que ir puliendo y mejorando si quiere mantenerse arriba en el escalafón de los grandes festivales de nuestro país. Si te apostabas a la salida del festival y ponías la oreja en las conversaciones que iban pasando, lo general era, “yo no vuelvo más”, y eso creo que es malo para un festival que vive de experiencias. Porque quizás la música ha pasado a segundo plano y gana enteros la foto chachi delante de cualquier chorrada o la grabación del único tema que me  suena de las bandas que son cabezas de cartel. 

Sara Fernández

Sara Fernández

Redactora

Fernando Tello

Fernando Tello

Redactor & Photo

Vayamos por partes. Lo primero es no meter a gente por encima de sus posibilidades, y creo que incluso por encima del aforo máximo. El sábado eso pasó, y los escenarios pueden no llenarse al completo porque los dos principales son lo suficientemente grandes para absorber mucha gente, pero el resto no. Y la gente, aunque no lo sepas, tiene que moverse, ir al baño, a comer, e incluso moverse por los ocho escenarios sin peligro. Los baños fueron hasta peligrosos estando en el centro y algunas ocasiones inaccesibles, y los movimientos de gente, entre carpas de cerveza, casetas de comida y torres de alta tensión se hacían insoportables y con el peligro de pisar a la peña que se encontraba en el suelo. El baño se convirtió en todo el recinto, encontrando gente orinando en cualquier esquina, vallado o barra de bar abandonada. Es muy importante tener dos escenarios principales con cabida para mucha gente, pero no puedes poner un mamotreto que corta el paso para poner a tus VIP’s, creo que también con demasiada gente encima de esa estructura. Y además con cuellos de botella por el resto de salidas. Ya tenemos al próximo premio de arquitectura por está magnifica planificación urbanística de escenarios y elementos varios, buscad, está entre la organización del Mad Cool. Lo nuestro con las fotos es otro cantar, de lo que quizás se merezca hasta otro artículo independiente. Pero vamos se reduce a, te acreditan, pagas, te dan una pulsera y un cartón y puedes hacerle fotos a la noria y cuatro grupos o bandas. El resto, nada. Al final, como decía Broncano, “te sale a pagar”. Pensad en el equipo que llevas, los kilómetros que te haces y todo lo que acarrea el dedicarte o intentar dedicarte a hacer fotos de conciertos. Y cuando vas a pasar a un foso de un grupo gordo, te das cuenta que al lado tienes a tres tipos que hacen las fotos con el móvil. Me rindo. No quiero volver más.

En lo musical, nada nuevo bajo el sol, llegamos a punto para ver a los Belako salvar los problemas técnicos del escenario “Ouigo», que ha sonado regular todo el fin de semana, pero que en manos de los vascos sonaba a trallazo limpio. Son unos auténticos magos del escenario con una puesta en escena simplona, pero una potencia que deja a todo el mundo con la boca abierta. De lo mejor que ha pasado por el cuarto escenario del festival. Antes de ir a ver al pequeño de los Gallagher, nos pasamos por el escenario de la esquina para ver un ratito a un mago del india-rock, Kurt Vile y sus Violators dieron un concierto serio, con mucha solvencia y un sonido impecable. Canciones directas las que enseña siempre el ex de The War on Drugs en lo que fue un contrapunto al resto de programación del momento en el festival. Cometimos el error de abandonar el escenario con un concierto bueno para encaminarnos al tostón bajo el sol de Liam Gallagher. Al de Manchester le da igual ya hacer un concierto bueno o malo. Lo suyo es tirar una moneda al aire, si sale cara hace lo que quiere y se encara con el público y si sale cruz, también. Le molestó el sol en la cara, aunque si hubiera sido de noche, le hubiera molestado la luna. Sudadera con capucha y gafas de sol y canciones lentas, receta de hoy. El público espera ver a Oasis y eso es lo que tuvo al principio y al final. La gente cantó todas las de antes y no levantó la cabeza e incluso no dejó de hablar hasta que sonaron los acordes del “Wonderwall”. Ahí subieron los móviles, grabaron un trozo y a otra cosa mariposa, objetivo de postureo conseguido. 

Primal Scream saltó al escenario y demostró su larga carrera de la mano de Bobby Gillespie. Los de Glasgow se sienten como pez n el agua en este tipo de escenarios, dando a su publico lo que quiere, y en el Mad Cool no iban a fallar. Solvencia sería la palabra correcta para definir el sonido de los Primal Scream. Desde comienzo de los ochenta siguen haciendo eso. Y a nosotros nos molan mucho, siempre es un acierto. El plato fuerte del día eran unos chicos ya talluditos del mismo Los Ángeles. La campa del escenario principal, el denominado Mad Cool, se llenó desde que M.I.A. saltó al segundo escenario, el objetivo era estar lo más cerca posible para ver a los Red Hot Chili Peppers. La puesta en escena era sencilla, sin adornos superfluos, sin confeti y sin grandes alardes televisivos. Cuatro tipos tocando juntitos rock de siempre. Con largos discursos de FLEA, ataviados con pantalones anchos, camiseta que duró un asalto y recién llegados del Skate Park de Getafe, o eso parecía. Sonido impecable, bajo maravilla y guitarras de ensueño, pero, si todo tiene un pero. Concierto corto y un setlist al que le faltaron hits, ritmo y agarre hizo que el bolo se quedara descafeinado. Faltaba algo, quizás conexión o quizás ritmo, no se, pero no fue algo que les llevara a que fuera el concierto de nuestras vidas. 

Una vez pudimos volver a la vida nadando a contracorriente, como salmones en el río, intentando llegar al escenario 2 lo conseguimos casi veinte minutos después de que decidiéramos movernos, una vez terminado el concierto estrella. Un auténtico despropósito lo que se vivía para poder moverse. Llegamos para ver el despliegue técnico, visual y musical de la banda inglesa de los noventa The Prodigy. Iconos de la música electrónica, siguen en plena forma a pesar del revés que supuso la pérdida de Keith Flint al que siguen inmortalizando entre lasers verdes con su silueta inconfundible. Y para terminar el festival por todo lo alto nos dirigimos a la carpa Ouigo para que Elyella nos pongan un temazo detrás de otro, confeti incluido y visuales geniales hasta que a las dos en punto llega el cierre de la nueva edición del Mad Cool. Muchos interrogantes se levantan con esta nueva ubicación. ¿Dejarán los vecinos de Getafe y Villaverde vía libre a este recinto?¿Se cambiará la distribución del festival?, La gente que dijo que nunca más, ¿volverá a comprar la entrada cuando vea que con el cartel completa el postrero de todo el año? Veremos qué pasa.