Toledo, 17 de abril de 2026. Sala Pícaro
La Sala Pícaro acogió el regreso de Quicklime con la sensación de estar asistiendo a un punto de inflexión en la trayectoria de la banda toledana. No era un concierto más: había expectativa, había novedades y, sobre todo, había una evolución palpable que se dejó notar desde los primeros compases.
El grupo llegaba con dos cartas de presentación importantes bajo el brazo: su reciente fichaje por Radix Records y la publicación de su nuevo EP Grip On Youth, un trabajo breve , con cuatro temas, pero suficientemente revelador de hacia dónde quieren caminar. En directo, ese crecimiento se traduce en un sonido más compacto, más trabajado, con una identidad cada vez más definida. Quicklime suena ahora más sólido, más consciente de su propuesta y con una estructura que sostiene mejor cada canción.
Fernando Tello
Redactor & Photo
Ese salto cualitativo se reflejó en un directo potente, bien armado y con la energía necesaria para sostener una sala que respondió con intensidad. Hay en la banda una sensación de recorrido, de grupo que empieza a dejar huella y que ha entendido que el tiempo también juega a su favor. No es solo actitud: hay fondo, hay intención y hay un discurso que empieza a asentarse.
Como apertura de la noche, el paso de Varonas sumó enteros a un cartel ya de por sí atractivo. Con un sonido impecable, supieron calentar el ambiente y preparar el terreno para una velada que terminó por confirmar que Quicklime está en ese momento clave donde todo empieza a encajar. Una noche redonda, de esas que dejan la sensación de que algo importante está empezando a tomar forma.