María Sánchez

María Sánchez

Redactora

Se hace el silencio, comienza la obra. En escena, la réplica del gran salón de la RAE representado mediante varios juegos de sillas vacías, en los que parecen encontrarse una serie de catedráticos preparados para juzgar el discurso de ingreso a la Academia del único personaje que tendrá esta función. Es entonces cuando aparece entre el público ella. Blanca Portillo, imposible de reconocer, vestida con traje de etiqueta y zapatos de charol, comienza a pronunciar ante dicho tribunal y el público, su alegato basado en el silencio; el de la vida, pero, sobretodo, el silencio en el teatro.

“El silencio en el teatro puede llegar a representar el tiempo. Es importancia que tiene el silencio en escena, corresponde a la misma que tenemos en el vivir.”

Con voz impostada y junto a toda una gran galería de muecas y expresiones corporales, la actriz consigue mantener al público desconcertado y aturdido mientras recita un texto lleno de grandes reflexiones. Su actuación hace que no puedas dejar de prestar atención y recapacitar al mismo tiempo sobre ello.

No obstante, aunque no se puede negar que este relato tiene momentos realmente brillantes y de gran riqueza lingüística -como su autor Juan Mayorga nos tienen acostumbrados-, en ocasiones llega a hacerse algo denso y monótono, y sólo la magnífica actuación de este portento interpretativo hace que quieras seguir disfrutando de la obra.

Pero entonces, al borde de la posible pérdida de interés por parte de los espectadores, es cuando la obra consigue cambiar dar un vuelco en su desarrollo. La actriz sale de su personaje para compartir con el público lo que esa situación le remueve por dentro y cómo el silencio también forma parte de su vida. Parece autodefinirse mediante la confesión de estar representando un papel que no la define y una situación personal que la ha conducido hasta ese momento. Todo esto lo hace utilizando su lado más cómico y, a la vez, más humano, caracterizado en la mayoría de su recorrido profesional.

“Puede suponer que la vida en su totalidad y belleza te deje sin palabra pues mientras unos temen el silencio, otros lo necesitan”.

Desde entonces, ambos personajes intercalan su aparición. Surge una lucha en la actuación entre seguir con su interpretación con el fin de acabar el discurso inicial contra la necesidad de exponer las emociones que le afloran en todo momento por ello, y donde el silencio vuelve a tener un papel primordial en las transiciones de ambas interpretaciones.

Como colofón de esta obra, y siguiendo el hilo del argumento principal, se completa la reflexión sobre este alegato con la representación de algunas escenas de los silencios teatrales más representativos de la historia. Obras como “Antígona”, “La casa de Bernarda Alba”, “La vida es sueño” o “Hamlet” encierran en sus silencios contextos de ira, filosofía, poder y hasta un posible amor.

De nuevo destacar la fuerza y talento de la actriz, con la que solo la disposición de varias sillas y diversos juegos de luces, consigue que puedas meter al espectador en cada una de las obras citadas representando escenas tan características que te hace partícipe de ellas.

Pero si se ha de elegir un silencio importante en el teatro es el silencio del público; ese que permite emocionarte, disfrutar y a la vez infundir respeto, admiración y satisfacción hacia la representación en su conjunto, y en el que sin darte cuenta te encuentras sumergido mientras contemplas la obra.

Pues si hay un momento cumbre en el que se descubre la importancia del silencio en el teatro es justo cuando se acaba, cuando el teatro se rompe en un mar de aplausos que te sacan de un estado de embriaguez emocional individual para ser partícipe junto al resto de espectadores de una expresión de ovación y gratitud ante lo que se acaba de contemplar. En este caso, y no pudiendo ser de otra manera, este aplauso se complementó con todo el público en pie provocando la salida de la actriz hasta en 5 (cinco) ocasiones para agradecerlo y disfrutar de él.

“Mil veces me arrepentí de haber hablado…mil una de haber callado”.

Texto y dirección: Juan Mayorga

Con Blanca Portillo

Diseño de espacio escénico y vestuario: Elisa Sanz

Diseño de iluminación: Pedro Yagüe

Diseño de espacio sonoro: Manu Solis

Fotografía: Javier Mantrana

Maquillaje y peluquería: Thomas Mikel Nicolas

Ayudante de dirección: Viviana Porras

Ayudante de escenografía: Sofía Skamtz

Una coproducción de Avance Producciones Teatrales y Entrecajas Producciones Teatrales