Brisbane tiene un nuevo grupo que se toma muy en serio lo de no tomarse nada en serio. Teenage Bees presentan «Every Day Is a Nightmare», su tercer single, y lo harán en directo coincidiendo con Halloween: el sábado 31 de octubre, en el Junk Bar de la ciudad australiana, con Jeremy Neale, The Ra Ta Ta’s y Wolfe Peterson como compañeros de cartel.
Detrás del proyecto hay antiguos miembros de Hungry Kids of Hungary, Babaganouj, Inland Sea, Hound y Blonde Tongues, nombres que marcaron la escena indie de Brisbane en la década de 2010. Ahora apuestan por un pop de inclinación sintética que huye de las etiquetas y que, según ellos mismos, tiene en su moodboard a LCD Soundsystem, Beck, los videojuegos de los noventa, Nine Inch Nails y Kylie Minogue. El núcleo instrumental combina guitarra, saxo y teclados, y su carta de presentación fueron «Make Graham Happy» y «Slam Hunk», dos singles tras los cuales agotaron las entradas de sus conciertos de debut.
«Every Day Is a Nightmare» funciona como una pequeña aventura pulp: la inquietud ambiente de las primeras estrofas, con imágenes de selva, escombros y restos enterrados, se va transformando poco a poco en catarsis juguetona. Sobre un groove nervioso y en clave menor, el estribillo repite el título hasta convertirlo en mantra, y el oyente termina coreando lo que empezó como una queja.
El tema esconde además un guiño muy local: una intervención hablada, con un marcado acento australiano, a cargo de Greg Charles, viejo compañero de viaje musical de la banda. Para cuando llega el último minuto, el estribillo se ha comido la canción entera y lo que parecía un himno de rock resulta ser un synth-pop con disfraz, capaz de convertir un pensamiento oscuro en lo mejor de la noche.
Con este lanzamiento, Teenage Bees reivindican el regreso del indie de Brisbane desde la ironía y el desparpajo, y lo hacen con el oficio de quienes llevan años en esto.






