Hay que ver la de palos que se habrá llevado Leticia Dolera por parte de auténticos idiotas que ni saben la gran guionista y directora que es. Porque, además de haberse mojado y expuesto con sus tesis feministas desde hace años, lo que siempre ha hecho es demostrar su enorme talento.
Los protagonistas de Pubertat son cuatro preadolescentes: tres de 13 años y uno que acaba de cumplir 14. No son del todo niños, no son del todo adultos y, por supuesto, tampoco son plenamente adolescentes. A pesar de su corta edad, una agresión sexual sucede entre ellos.
Manuela, Pol y Steven son tres amigos, casi hermanos, que forman parte de una colla castellera. El cuarto integrante del grupo es Roger, hijo de una reconocida periodista y escritora feminista. Todo cambia en sus vidas la noche de San Juan, la noche en la que ocurre la agresión.
Borja Peinado
Redactor
La historia de Pubertat nace de la mente de Leticia Dolera y se apoya en un arduo y extenso trabajo de documentación. Dolera pone sobre la mesa un tema que no estamos sabiendo gestionar como sociedad: la educación sexual de nuestros adolescentes. Los “siempre ha sido así” o “en nuestros tiempos era parecido” ya no sirven. El tablero ha cambiado, y estamos dejando esa educación en manos de un mundo apocalíptico en este ámbito, como son internet, el porno y las redes sociales. Añadamos a esta coctelera la hegemónica toxicidad masculina con los nuevos gurús que atraen la juventud y ya pues directamente echémonos a llorar.
El pilar sobre el que se construye el guion de Pubertat es la colla castellera, un elemento que funciona como metáfora de comunidad a muchos niveles, incluso visuales. Este acierto es el primero de muchos en la escritura de Dolera. A partir de ahí, la estructura de la serie busca mostrarnos, poco a poco, la agresión desde distintos puntos de vista, siempre dentro del contexto de la colla. Con sutileza y respeto, la narración nos invita a comprender —que no justificar— a cada personaje principal, situando al espectador en zonas grises que lo obligan a pensar, sentir y empatizar. Algo muy difícil de lograr en este tipo de historias.
Cuando una serie está tan bien escrita, las dudas sobre la capacidad de la ficción para educar y entretener se disipan: todo encaja.
Y si Leticia Dolera tiene talento a raudales como guionista, su trabajo como directora no se queda atrás. Todo el reparto está, en general, a gran nivel, pero el trabajo que ha conseguido con chicos y chicas de 13 años está al alcance de muy pocos. Una de las razones que suelen hacerme desconectar de las ficciones juveniles es que las interpretaciones no suelen estar a la altura de la historia; un déficit que aún tenemos respecto a la ficción anglosajona. Sin embargo, aquí es para quitarse el sombrero: si ya alucinamos con Owen Cooper en Adolescence, no es para menos con Ot Serra Bas o Aina Martínez, que interpretan a Pol y a Manuela en Pubertat.
Pubertat logra conjugar algo tan difícil como el entretenimiento y la educación. Y hacerlo con un tema tan complejo solo es posible con talento, rigor y un trabajo de documentación ejemplar. Lo dicho: el tema asusta y preocupa, pero, frente a otras ficciones como la citada Adolescence, esta serie propone un mensaje luminoso y esperanzador. No viene nada mal un rayo de esperanza entre tanta oscuridad.
Los seis episodios de la serie los tenemos ya en HBO Max.