DISCO DEL MES DE ENERO DE 2024

Sonido Muchacho

Suena el móvil y alargo la mirada para ver que notificación es. Aparece el símbolo de WhatsApp y como estoy en mi mesa de trabajo lo abro en el ordenador. El grupo de la revista, con mis inseparables socios, Fran y Paco. Será otra banda de las nuestras, de las de toda la vida que se separa. Otra gira de despedida a la que no se podrá faltar. Otra reedición de éxitos en vinilo. Calendario en mano para apuntar. Pero no… La noticia es buena, o parece buena. Nudozurdo vuelve, o eso deja entrever el enlace a redes. Una fecha entre imágenes de Leo, 14-11. Madrid. La vuelta de Nudozurdo desde su retirada es un hecho. Su último trabajo fue en 2017, ese mágico Voyeur Amateur (Mushroom Pillow, 2017).

Fernando Tello

Fernando Tello

Redactor & Photo

Poco a poco se van desgranando detalles de su séptimo trabajo. Enero de 2024 iluminará el nacimiento del nuevo trabajo. Se comparte la portada, maravillosa, las dos primeras píldoras en forma de vídeo, también, y una extensa gira que recorrerá la geografía española en los meses de enero, febrero y marzo y que esperamos que después tenga continuidad en esos festivales que no se pliegan a lo estipulado, porque Nudozurdo no es un grupo de los “habituales”. No es de esas bandas que van a todos por obligación en esa rueda fatídica de repetición veraniega de la que a veces no puedes escapar, pero intentas esquivar con esos carteles alternativos, que los hay, solo hay que buscar la esencia de lo que tú quieres, no lo que te obligan. Porque los festivales se han convertido en las radiofórmulas de antaño, y os prometo que de eso se sale, si quieres. Pero eso es otro debate. Lo que nos ocupa ahora es “Clarividencia” (Sonido Muchacho, 2024).

El disco suena a auténtico. Comienza con una marca de la casa, “Soledad/Clarividencia” es el sonido que dejaron hace cinco años y que retoman, el que les acompaña desde 2002 y que a pesar de los cambios en la formación, tiene a Leo Mateos como eje vertebral de la personalidad que siempre ha tenido Nudozurdo. “Carta a Nina” pone la calma emocional en la cabeza de Mateos. Con estos dos temas ya sabemos que estamos ante una obra maestra de los madrileños, que han vuelto con la fuerza con la que lo dejaron, y nos queda mucho por andar. “Es la pureza en tu voz” grita sin descanso en “Elvira / Santuario combate”, rabia contenida en redundancia maestra. Suena a canción de cantautor o cantautora rockera ochentera. Se saborea y se palpa desde el principio hasta el final. El solo de guitarra de “Bisontes albinos” es tan sublime como su título, que tiene a Leo Mateos en esa cabeza de genio. Puntadas de guitarra con una línea de bajo incansable que alumbra toda la canción. Abuso sublime de los pedales en “Lo que ocultan las arizónicas”, canción enigmática hasta el extremo. “La isla del diablo” va subiendo en intensidad para convertirse en una de las piezas fundamentales del disco. La canción que normalmente suena en directo y te deja con ganas de más y el pensamiento de que estamos ante una de las mejores bandas de los últimos años, fuera de lo habitual, de los mainestremismos  y formulas baratas de éxito. Un quiero hacer esto y lo voy a hacer, y lo hago y me sale bien, algo a lo que Leo Mateos nos tenía ya acostumbrados. 

“Crevillente / La industria de los sueños” es la canción más melódica del disco, con esos coros celestiales, y esos riffs de guitarras puntiagudas. Este tema se entiende a la perfección con el adelanto que fue del disco, ingresado como bonus track. “Angel Genetics” es una canción preciosista, que entra fenomenal, para enganchar a los no creyentes en el universo Nudozurdo. Las cuerdas del violonchelo de “Cripto Mundo” son el cierre perfecto a uno de los mejores discos de la banda, un regreso mejor  que esperado, de uno de los referentes desde hace veinte años y que lloramos en su despedida y nos alegramos, y mucho en su regreso. El disco se ha grabado en Estudio Uno por Pablo Pulido y mezclado por el gran Paul Corkett. La portada a sido obra de Andrew McGranahan, y el diseño de la maquetación por Álvaro Unbuentipo.