En el periodo de intermitencia de Mucho, Martí Perarnau IV no ha interrumpido su relación con la música. En un panorama en el que hacer que tu proyecto propio sea tu única fuente de supervivencia está cada vez más supeditado a factores extramusicales y ultracapitalistas, proyectos como _juno han alimentado esa necesidad creativa mientras Mucho hibernaba a la espera de un regreso que no estaba necesariamente programado: “Sentía que un hombre de cuarenta años no tiene nada nuevo que aportar a la música española. No sé por qué, cuando empecé a hacer estas canciones, se me pasó. Vi que había una manera de hacer canciones siendo un hombre de cuarenta años sin tener que seguir las normas específicas que siguen las canciones de los hombres, que me resultan muy aburridas y muy poco nutritivas para el cerebro”.

El nombre del nuevo álbum de Mucho no está elegido al azar. Lo que comenzaron como unas sesiones para experimentar y disfrutar en el estudio, terminaron siendo un diálogo interno con su yo de la infancia. La vida de Martí ha cambiado mucho desde que dejó la ciudad. Allí se dió cuenta de que hay otra forma de habitar un espacio. Reconectó con su infancia, y sobre todo, se dio cuenta de que todo ese material eran canciones de Mucho: “Tengo la sensación de que el disco, más que hacerlo, se me cayó. Se me cayó del pecho. Empezó como un juego y una diversión y terminó siendo el disco más difícil que he hecho en mi vida”.

En «¿puede Martí bajar a jugar?» el proceso de creación se abandona a lo irracional. Igual que un niño: acercándose a las cosas sin prejuicio, haciendo, deshaciendo, probando y volviendo a empezar. La naturaleza de las letras contrasta con esta concepción, pero la realidad es que muchas salieron de la escritura automática, de la plasticidad que tiene el cerebro a primera hora de la mañana, directo de la cama a la libreta. Luego, como un adulto que tiene que ordenar todo lo que el niño ha dejado por en medio, organizó todas las ideas.

“A medida que me he hecho mayor han cambiado mis prioridades. Ahora, cada vez que me voy de Madrid, me provoca una sensación de agradecimiento, pero también de verdadero miedo al ver cómo nos obliga esta ciudad a vivir entre asfalto y cómo va borrando cualquier tipo de amabilidad”. Las letras de «¿puede Martí bajar a jugar?» reflejan un sentir muy hondo, derivado de esta situación vital, y que aflora en las primeras horas de la mañana, dejando salir este malestar al que todos nos sentimos empujados inevitablemente.

Llegar al sonido roto que tiene el álbum no ha sido fácil. Pasar de unos archivos inertes dentro de un ordenador al resultado final ha necesitado de varios experimentos para llegar a donde está. El álbum estaba mezclado y a punto de fábrica, pero se decidió parar y volver sobre ello. “Es como si el sonido del disco hubiera tenido que pasar por tres filtros para llegar hasta donde yo imaginaba. Pero no era algo que yo imaginara: era algo que me pedían las canciones. Como si las canciones me dijeran «Martí, por favor, todavía no estamos hechas, hay que hacer algo más». Me volví completamente loco, pero fue un proceso muy divertido. Después de tanto tiempo, seguía jugando. Lo disfruté”.

Ese proceso de abandonarse a su yo más infantil hizo aflorar también al adolescente. El sonido crispado de los últimos Low no puede evitar dejar aflorar entre medias pasajes que conectan con los anteriores trabajos de Mucho, esos paisajes bailables, más electrónicos, que entroncan inevitablemente con aquello que te marca por primera vez, a lo que vuelves inevitablemente: en el caso de Martí son los Primal Scream más bailables, aquellos filtrados por Andrew Weatherall, el principio de Warp Records o los Radiohead de principios de los 2000. El final de “gracias por nada” podría estar dentro de una canción de «Kid-A» perfectamente, mientras que «se puede bailar incluso cuando el diablo está llamando a tu puerta» o «escombros» tienen un sonido gris y saturado que contrasta con la calma de «memorias del bosque» o el synth-pop cercano al house de «se ha dado la vuelta la habitación», que casi funciona a modo de interludio central para un álbum que guarda en la capacidad de sorprender con cada escucha su mejor baza.

Los pasajes se entremezclan, creando casi un estado de ánimo más que un sonido definido: “ya no pienso si es electrónica o si es rock; simplemente es música, es un estado, una sensación concreta”. Una sensación de hastío que encuentra refugio en los momentos en lo que dejar salir al niño a jugar.

Mucho es el proyecto musical de Martí Perarnau IV. A sus espaldas tiene tres álbumes entre los cuales destaca “Pidiendo en las puertas del infierno”, álbum publicado en 2016 que resultó fundamental para la música española del momento y que ha inspirado a numerosas bandas coetáneas.

«¿Hay alguien en casa?», su ahora penúltimo trabajo, se edita en 2019 y narra la historia de toda una noche en la gran ciudad. Desde el atardecer hasta el amanecer. La influencia de la música electrónica y de la cultura rave en el álbum es fundamental y todas las canciones están mezcladas entre sí como si de una sesión de DJ se tratara. Martí Perarnau IV, que se queda en solitario con las riendas de Mucho, quería componer canciones sin volver a utilizar instrumentos musicales al uso. El ordenador portátil se ha convertido en su nueva guitarra eléctrica. Una auténtica genialidad de disco.

Este 2026, tras 7 años de silencio, MUCHO regresa con “¿Puede bajar Martí a jugar?”. Un nuevo álbum que construye el pop desde los escombros y en donde la producción funciona como narración.

Martí Perarnau IV ha colaborado además como músico múltiples artistas y bandas a lo largo de su carrera y en los últimos años se ha centrado en la producción, destacando su trabajo en “PUTA” (GOZZ Records, 2021) de Zahara, galardonado con el premio a mejor álbum pop en los PREMIOS MIN; y “NUEVA SINFONÍA SOBRE EL CAOS” (2025, LA AVENTURA) de León Benavente.

Paralelamente, se volcó de lleno en su faceta electrónica con el proyecto PERARNAU IV cuya música se encuentra en una intersección fascinante de géneros, con influencias que abarcan desde el techno hasta el bass y el IDM. Desde G.O.Z.Z Records ha publicado temas como «Calima», «The Maze»; o el EP «Parches».