Navidad, de Varry Brava
Un villancico es una canción popular de tema religioso que se canta exclusivamente en fechas navideñas y en la que se alude, la mayoría de las veces, a la Virgen María, a San José y al nacimiento del Niño Jesús. Por regla general, cantado a coro, con varias voces y acompañamiento de guitarra, pandereta, zambomba, campanilla y otros instrumentos musicales.
En lo estructural, los villancicos suelen caracterizarse por ser composiciones breves y repetitivas que reproducen una idea con ligeras variantes enmarcada por un estribillo machacón. Adoptan la forma de copla, con versos cortos de arte menor casi siempre, que oscilan entre los hexasílabos y los octosílabos. Aunque los estribillos, a veces, amplían la medida de sus versos hasta alcanzar los alejandrinos. Sus rimas no siguen patrón alguno, alternan las asonantes y consonantes a conveniencia.
Fernando Molero
Redactor
En cuanto a los campos semánticos, el amplísimo término «Navidad» o «Villancico» acoge en su seno palabras muy dispares, que van desde los días más señalados de tan importante festividad hasta referencias al hecho de la Natividad, a los buenos sentimientos, a los instrumentos musicales que acompañan a las canciones, a distintos alimentos para el camino de los adoradores del Niño Dios, etc. Así, términos como: Virgen, María, San José, Dios nacido, Cristo, angelitos, Belén, burra, borriquito, mula, paz, amor, felicidad, Niño Jesús, estrellas, pastorcillos, rebaño, portal, pesebre, Nochebuena, 25 de diciembre, Navidad, pandereta, castañuelas, campanillas, guitarra, tambores, panderos, Rey del cielo, Reyes Magos, nieve, requesón, miel, vino, chocolate (del que se come, no del que se fuma) son vocabulario habitual de estas canciones tan populares.
Como muestra de los más cantados y tarareados por devotos y profanos, por abstemios y borrachines, por familias enteras, en iglesias y hogares, a pelo, con pandereta o botellita de anís, valgan los siguientes fragmentos de letras:
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- Pero mira cómo beben los peces en el río. / Pero mira cómo beben por ver a Dios nacido.
- Belén, campanas de Belén, / que los ángeles tocan: / ¿Qué nuevas me traéis?
- Veinticinco de diciembre / fum, fum, fum.
- Ande, ande, ande, la Marimorena, / ande, ande, ande, que es la Nochebuena.
- Ya vienen los Reyes Magos. / Ya vienen los Reyes Magos, / caminito de Belén. / Olé, olé, Holanda y olé / Holanda ya se ve / ya se ve, ya se ve.
- Hacia Belén va una burra, rin rin, / yo me remendaba, yo me remendé, / yo me eché un remiendo, yo me lo quité. / Cargada de chocolate.
- Arre, borriquito, / vamos a Belén, / que mañana es fiesta / y al otro también.
- Pastores, venid. / Pastores, llegad. / Adorad al Niño, / que ha nacido ya.
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Pero también hay otras festivas, satíricas y jocosas que utilizan la música de los villancicos para reconvertirlos en cantos más o menos groseros e irrespetuosos con los sentimientos de quienes se sienten verdaderamente cristianos, aunque en realidad no hacen mal a nadie y sirven para echarse unas risas y compartir también la impostada camaradería a la que nos conducen estas fechas. Como:
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- San José bendito, / ¿cómo te apañaste?, / pa pillarte un huevo / con los alicates.
- En tu puerta me cagué / pensando que me querías, / y ahora que ya no me quieres, / dame la mierda que es mía.
- En el Portal de Belén / ha caído una cebolla, / ha parido siete hijos / y los siete gilipollas.
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Una tercera vía de acercamiento musical a esta festividad bien puede ser la del grupo de Orihuela Varry Brava, que en su disco homónimo del año 2014 Arriva. 16 Horas de Juego y 4 Litros de Bebida Energética, incluye una canción de cierre con un título que evidencia claramente su origen, motivación e implicación con esas fechas comprendidas entre el 24 de diciembre y el 6 de enero: Navidad.
El título alude a la Navidad y en el estribillo hacen referencia a un elemento prototípico que forma parte indisoluble de la decoración urbana de esos días como son las luces de colores que cuelgan por calles y avenidas, por árboles y portales. Sin embargo, no es un villancico. Esto queda claro por la ausencia de toda mención a cualquier aspecto religioso o a ese carácter de celebración que los caracteriza. Pero pudiera serlo. Al menos como ilustración de esa otra cara de la realidad de estas fiestas a la que no se le canta en tales coplas navideñas.
Ser feliz es una premisa indiscutible de la Navidad; época de deseos y sueños, de buenos propósitos y de esperanzas renovadas. Pero, ¿qué ocurre con quien no lo es o no puede serlo? ¿Cuántas personas la comparten con el dolor, con la enfermedad, con la soledad, con la muerte? ¿También ellas tienen que cantarle al burrito sabanero, a la Marimorena, a la burra, al tamborilero o a los peces en el río?
Varry Brava escriben una letra sobre la vida en las grandes ciudades, preñadas de bullicio, ruidos y contaminación lumínica en esos días. Y no para compartir la alegría de las masas aborregadas por lo que marca la tradición y el consumismo, sino para realizar una reflexión sobre la nostalgia y los sentimientos agridulces que provocan las ausencias, el pasado y la presión social.
Con un estribillo marcado por el efecto de la intensidad de las luces navideñas y sobre todo por la conjunción subordinante «si» con que inician determinados versos, se nos introduce en la vida jaranera e impersonal de esas grandes urbes donde las calles son tomadas por hordas de personas estridentes: «Si al ver las luces de Navidad, / sientes que es momento de recordar. / Tanta gente por la ciudad / me está agobiando tanto. / Si al ver las luces de Navidad, / sabes que no hay tiempo de ir hacia atrás. / Tanto ruido por la ciudad / me está cansando tanto». El arcoíris de luces y colores con motivos navideños que adornan las calles y que debería ser algo hermoso se transforma en la canción en un conjunto de objetos opresivos. Las canciones, la música que sale de las tiendas o que repica infatigable en altavoces exteriores, los gritos y voces, el rumor constante de miles de conversaciones intrascendentes no solo provocan fatiga, también invitan a echar la vista atrás y pensar por un instante en aquellos que ya no están, para recordarlos y así traerlos de vuelta a un presente imposible.
La condicional «si» refleja aquí una probabilidad motivada por el recuerdo que ha de ser activado tras la contemplación de esas luces que están por doquier. Esa necesidad requiere de una chispa ajena que sane, tal vez, una melancolía en tiempos revueltos: «Si pensaste en no volver nunca más. / Decidiste no cambiar de ciudad. / Pensaste en no cambiar de lugar. / ¿Dónde vas? ¿Dónde vas? ¿Dónde vas?».
Para convertirse en un villancico de verdad, al tema de Varry Brava le faltaría un poco de alegría; un vocabulario adecuado para la ocasión; y un estribillo insistente y fácil de recordar que se alejara de una apertura como esta: «Será mejor que despliegues las alas (oh, oh, oh, oh). / Volverás a dejarte llevar (oh, oh, oh, oh). / Será mejor que despliegues las alas (oh, oh, oh, oh). / No será problema donde vayas luego», que apele al espíritu navideño y no a la libertad y a la búsqueda de nuevos horizontes tras un fracaso sentimental; y una estructura métrica más clásica y una versificación menos libre; entre otras cosas.
En cualquier caso, valga este himno moderno, esta canción de amor (o de desamor) con una Navidad cualquiera de fondo para desearos a todos y a todas unas felices fiestas y una entrada de año en la que no suenen las trompetas de Jericó, si acaso la canción de Mecano Un año más, de su álbum Descanso dominical (1998), si os gusta el tecno-pop romanticón ochentero: «Y en el reloj de antaño, como de año en año, / cinco minutos más para la cuenta atrás. / Hacemos el balance de lo bueno y malo, / cinco minutos antes de la cuenta atrás». O Año Nuevo de Vetusta Morla, de su disco debut Un día en el mundo (2018), si lo vuestro es el indie nacional: «Con vivos, muertos, brindando juntos / por un año más, un año menos / que dolerse de esta herida y de esta luz». O Mirar estrellas, oler manzanas, del último German Coppini, canción incluida en su disco póstumo Quimera (2016) si son demasiado nostálgicos y aman esa cadencia, esa voz y ese estilo de pop sofisticado: «La vida es un fuerte narcótico. / Bébetela, si estás melancólico. / El trago triste / puede hacerse un chiste. / Esta vida insiste. / Que te sientas bien. / Su cuerpo desnudo en tu cama, / y las cosquillas de sus pestañas, / el aire fresco de las mañanas, / quedar y tomarte unas cañas, / mirar estrellas, oler manzanas, / el mar, los libros y las ranas. / […] / Bajan aquí miles de ángeles. / Dime, por qué están desplumándose».
Aunque si de verdad queréis ser transgresores y bailar a ritmo punki estas navidades, nada mejor que escuchar a todo volumen el álbum recopilatorio Navidades radioactivas, editado por la compañía DRO en un muy lejanísimo ya 1982. En él encontraréis doce canciones pertenecientes a Derribos Arias, Glutamato Ye-Yé, N-634, Camaleones, Agrimensor K, Siniestro Total, Aviador Dro, T.N.T., P.P. Tan Solo, Mogollón, Seguridad Social y Alphaville. Cada banda creó o reinterpretó algún villancico o parte de él con la más absoluta de las libertades, con diversión, protesta o descaro.
Como Afunfún, afanfán de la mítica Siniestro Total, que termina así: «Y hay una vaquita. / Y hay un corderito. / La Virgen María y San José, / y el niño en la cunita está también. / Y menudo Cristo que hay en Belén. / Afunfún, afanfán. / ¡Qué barbaridad! / Afunfún, afanfán. / ¡Qué barbaridad!».
O Estrellas, sol y luna, reescrita por Derribos Arias, uno de los muchos proyectos de Poch, que se clausura con estos versos: «Vamos al bar más cercano / porque Judas nos invita. / Él es el que se esconde / la bolsa de los denarios, / los denarios, / millonario, / los denarios, / los denarios».
O en similar línea, la canción Manzana sobre manzana del grupo bilbaíno N-634, que emplea la misma estructura rítmica que el conocidísimo villancico Campana sobre campana, pero añadiendo elementos nuevos que muestran su clara filiación punk y vasca: «Manzana sobre manzana, / y sobre manzana una. / Asómate a la ventana, / hay un batzoki en la luna. / Belén, campanas de Belén, / que los ángeles cantan Batzoki de Massiel».
O, cambiando de tercio, la locura punki de los granaínos T.N.T., que ahora se nos antojan unos visionarios si no fuera porque apenas se les entiende en el tema Ratatatá, en el que con su particular sonido contundentemente sucio y la voz arrastrada de su vocalista, José Antonio García, crean una onomatopeya para denunciar el sufrimiento del pueblo palestino, cuando nos separan más de cuarenta años de su composición. Algo parecido a esto (no se puede afirmar con rotundidad) se dice en la letra: «El palestino que escapa de… / Bastante leña ya sabe le han dao. / No sabe nada, solo siente terror / porque el soldado se pasó a la acción. / Ratatatá, ratatatá».
Pero mejor terminar con loca diversión, que es lo que propone el alicantino P.P. Tan Solo, admirador de Siniestro Total, con su versión del villancico Noche de Paz, tuneado bajo el título de Los pingüinos están helados: «Noche de caos. / Estoy helao. / Diez pingüinos / la han palmao. / Si no hay pavo, / no hay Navidad. / Si no voy ciego, / no puedo cantar, / un villancico al Señor, / un villancico al Señor. / Noche de helaos. / Esto es un caos. / Diez palmaos / la han pingüinao. / Sin Navidad, / pavo no hay. / Si no canto, / puedo fumar, / un canutito, Señor, / un canutito, Señor».
¡Felices fiestas! ¡Paz para todos! ¡Venturoso 2026! ¡Que las letras sigan contando y no pare la música!