Valencia, 25 y 26 de septiembre de 2026. Espacio Marina Alta
Fotos de Luis Pérez Contreras
Fiel a la misma fecha, el último fin de semana de septiembre, desde hace ya seis años VisorFest ha celebrado este 2026 su sexta edición. En esta ocasión se volvió al Recinto La Marina en Valencia, que parece haber encontrado su hueco rodeado de todo el ocio general que hay en aquella zona de la capital levantina.
El plantel estaba dividido en dos días con sus cuatro bandas diarias sin solapamientos, con actuaciones de hora y media que empezaron con puntualidad británica (había muchos allí) y acabaron hora y media después. No olvidemos las sesiones de DJ que glorifican y acompañan al baile de instrumentos que hay entre bandas. Todos estos son los ingredientes que ocurren recurrentemente en cada edición del VisorFest.

Santi Hernández
Redactor
La primera jornada del viernes 25 la abrió Hoodoo Gurus. Ni que decir tiene que es difícil hacerse notar a primera hora de la tarde entre tanta gente que vive el reencuentro o se despereza después del palizón de venir hasta Valencia, pero los australianos supieron hacerse al sofocante calor y empaparon con la actitud rockera venida de cerca de nuestras antípodas con temazos como “Come anytime”, “My girl” o “Bittersweet”. A continuación, New Model Army volvieron a subirse al escenario por segunda vez en el festival (la primera fue en 2022) y dieron fe de que su fichaje no desmerece nunca la ocasión. Justin Sullivan lideró a sus secuaces en un concierto vibrante lleno de referencias a temas clásicos como “Vagabonds”, “The Hunt” y “Purity”, entre otros, con hueco para temas del último disco que publicaron en 2024. En tercer lugar, subieron The Damned para cumplir una misión clara: dejar claro quiénes establecieron los principios del punk-rock. Actitud incontestable 50 años después de que comenzaran. Repasaron el repertorio, interpretaron las versiones “White Rabbit” de Jefferson Airplane y “Eloise” de Barry Ryan (Tino Casal le dio otro rollo) y desgranaron los clásicos “Neat, neat, neat” y “Smash it up” para finalizar la actuación. La guinda al pastel de este día la puso Ocean Colour Scene, quienes desempolvaron los temazos del treintañero “Moseley Shoals” mezclándolos con otros temas del repertorio que les puso en el universo no elegido del Brit Pop. Sonaron irregulares durante todo el concierto, aunque la guitarra de Steve Cradock siempre estuvo en su sitio. Quienes los hemos visto en su glorioso pasado, recordábamos esos setlists que no daban lugar al respiro. Para esta ocasión eligieron temas más melancólicos que, aunque siguen siendo maravillosos, les faltaba el empuje de la banda que cierra la primera noche de un festival. Esa última velocidad que necesitaba el final de la noche la pusieron con “Travelers tune”, “Hundred mile high city” y “Riverboat song”. Fin de la primera jornada marcada por el asfixiante calor por momentos y sonido irregular entre las bandas, pero con el corazón henchido de emociones.
La segunda jornada, la del sábado 26, tenía un marcado carácter noventudo. La multitud ya había celebrado reencuentros y brindado por todo lo necesario en la jornada anterior, por lo que The Wannadies subieron a romper el hielo (otro día de calor) del único escenario del festival. Nos preguntábamos cuándo soltarían el tema que los catapultó a la fama, “You & Me song”, si al principio, como hizo Echobelly el año pasado con todos sus trallazos, o al final, como cualquier banda que sabe que en ese momento todos les íbamos a prestar más atención. Optaron por la segunda opción muy acertadamente. Mientras llegó ese tema, los suecos mostraron una colección de canciones directas y de perfecta factura como exige el power-pop del que hacen gala. Derrocharon energía y simpatía sobre el escenario y, cuando llegó el tema, lo supieron exprimir y que se disfrutara ya que el sol se había ocultado en el horizonte y había ganas de corear una canción tan bonita. Además, el sonido del escenario había mejorado notablemente. ¡Se avecinaba otra jornada memorable!
Mario Oldies estuvo pinchando entre bandas en esta ocasión y solo puso temazos. Lo hizo muy bien y es de agradecer que suenen los temas de los grupos que se ven en las camisetas de la gente. A pesar de lo saltarina que estuvo la aguja del giradiscos, se agradeció la selección de temas. Acto seguido Gene subió al escenario; aclamados por una legión ese día, dieron un concierto impecable en sonido y actitud. Con Martin Rossiter ejerciendo de crooner atemporal, cantó envidiablemente “Be My Light, Be My Guide” y “Sick, Sober And Sorry”, entre otros. Fue disfrutado por toda la afición, tanto por quienes no los veían desde hace 30 años en su visita al FIB como para quienes aprovechamos para verlos en la distancia y coger fuerzas.
En tercer lugar venían RIDE. Ya habían visitado el VisorFest en su primera edición. Por aquel entonces casi recién reunidos. Ahora como banda reasentada con edición de nuevo material y actividad en el escenario, se esperaba una actuación memorable. Y vaya si la dieron. Podrían haber hecho un repaso a sus últimos discos, especialmente al de 2024 por ser el más reciente, pero no. Decidieron deleitarnos con todos y cada uno de los clásicos de la banda que te puedas imaginar rayando a un nivel de interpretación y factura difícil de encontrar. Si le añadimos que su propuesta ruidista debe sonar perfecta o no suena, que rayaran ese nivel de exigencia para el concierto del sábado convierte su actuación en una (otra más) de las memorables de este imprescindible VisorFest. No suele ser habitual ver a gente joven en este festival y quiero destacar cómo se le iluminaba la cara a un chaval que no daba crédito a lo que estaba escuchando. Me encantó compartir esa sensación con otra generación. Debe ser que eso que sonaba no es tan viejo.
Mira que pusieron el listón alto RIDE y Manic Street Preachers lo tenían difícil, pero ellos recogieron la pelota y decidieron continuar con el fin de fiesta. Las banderas de Gales a nuestra derecha, los mensajes combativos en las pantallas precalentaban el ambiente. Ellos saben que venían a acabar la fiesta, pero también saben que sacuden conciencias con sus mensajes en todo su cancionero, tanto el popular como el que no. Supieron controlar el tempo de principio a fin con los innumerables éxitos que tienen después de 40 años de historia y con un último disco, “Critical thinking”, que contiene temas que no desmerecen a tan longeva banda.
Y así acabó otro excepcional VisorFest al que acudió mucha más gente que en ediciones anteriores; las discotecas de alrededor sucumbieron al ardor indie de los que asistimos a este evento que anualmente nos reúne allá donde se celebre. ¡Larga vida al VisorFest!






