Está a la vista de todo el mundo: Occidente se derrumba. Los Punsetes lo llevan analizando dos décadas mejor que cualquier analista que salga por televisión y por sus canciones han pasado todas las neurosis de nuestro tiempo, desde el colapso ecológico o la violencia policial hasta el discurso tuitero de turno. Todas las mentiras de la sociedad de consumo que ellos mismos desenmascararon han caído por su propio peso, aquí ya no se engaña a nadie. Cuando no queda nada a lo que asirse en el mundo material, habrá que volver al pensamiento mágico: a los aceites esenciales, a las cuentas de rosario y, por supuesto, al clásico horóscopo al final del periódico.
Salud: mal. Dinero: mal. Amor: mal.
“El año del caballo”, el segundo single del próximo disco de Los Punsetes, es la narración de una persona desesperada, al borde del abismo, a la que solo le queda soñar con un movimiento astronómico capaz de cambiar de una vez su miserable suerte. Entre una sección rítmica taquicárdica y los riffs de guitarra de melancolía distorsionada surge una voz clara: “¿Qué me está pasando últimamente? Tengo miedo todo el rato de morirme de repente”. La broma nunca ha sido menos graciosa, no tenemos la mala leche ni la ironía a la que nos hemos podido agarrar en ocasiones, sino el más elemental grito de socorro ante un abismo que no devuelve el grito, solo silencio.
La volatilidad del fuego y la violencia del caballo no dejan ninguna duda, según el horóscopo chino este es el año definitivo para ser un seguidor de Los Punsetes. Para aullar, hacer un pogo, golpear algo en la vía pública e iniciar un fuego, pero sobre todo para quedarse afónico, dislocarse la rodilla, hacerse un corte en la mano y que el incendio arrase con todo. Mil cuatrocientos millones de chinos no pueden equivocarse, y si hay algo que necesita el que busca el porvenir en un horóscopo es no sentirse solo.
El año del caballo, como el resto del inminente disco, ha sido producido por Paco Loco y Los Punsetes y cuenta con la mezcla de Sergio Pérez García (Svper) y el máster de Greg Obis (MJ Lenderman, Slow Pulp, Duster…) en Chicago Mastering Service. Un tema para burlarte de los supersticiosos mientras envidias su ilusión.






