DISCO DEL MES DE SEPTIEMBRE DE 2026

Warner Records / Weezer

A ver, a ver… ¿por dónde íbamos con Weezer? Hace tiempo que les perdí la pista y no sé qué ha sido de ellos. Se hicieron gira que les trajo a España en el verano del 25 y poco más sé. Veamos: han hecho sus propias “Cuatro estaciones” en el que escribieron canciones a cholón como The Magnetic Fields con el “69 Love Songs”.  ¡Qué prolíficos! Por aquí también veo que se han divertido con el rollo 70s… Menuda portada se marcaron para ese viaje al ¿cómo sonaría Weezer en esa década? En fin, parece más bien una broma que un disco serio. Además, no tuvieron ningún problema en imitar algún clásicos riff de entonces. Normal, hay que llevar el proyecto hasta donde llegue. Y ahora veo que tenemos un disco dorado con motivos egipcios que vuelven a titular Weezer, como la serie de discos epónimos que comenzaran allá por 2001.

Santi Hernández

Santi Hernández

Redactor

Vaya, ¡esto tiene buena pinta! Quizás se parezca al Weezer que todos nos enamoramos cuando el indie era eso. Maemía, todo el día con el sweater metido en la cabeza. ¡Estaría guay, la verdad! De todas formas, hay algo que me escama. ¡No aparecen ellos en la portada! Verás tú, estos se han marcado un disco de influencia oriental y quieren hacernos escuchar cómo sonarían en el antiguo Egipto. Buf, me da que eso es demasiado marciano incluso para una cabeza tan extravagante como la de Cuomo. El caso es que son cuatro figuras y podrían representar a cada miembro de la banda: un infinito, una serpiente de farmacia, dos válvulas de coche en cruz acabadas en media luna y un sol encerrado en un doble arco. La quinta figura es muy obvia. Es el clásico logo de la banda y su representación con las manos. Eso ya lo hemos visto. Pero, ¿esas figuras? ¿Quién es quién? ¿Qué pretenden? ¿Puede que estén el proceso de convertirse en los nuevos Prince y quieran ser conocidos como “los artistas antes conocidos como Weezer”? Quita, quita. Eso siempre fue una chorrada del Prince. Voy a poner el disco a ver qué pasa.

Y pasa que vuelven a repetir el minutaje clásico de media hora en 10 canciones. Y también pasa que desde que empieza Say Yes, el primer tema, sabes que esto tiene muy buena pinta.

Con un ritmo in crescendo, el susurro del bajo tal como sonaría desde el ampli y el estallido de las guitarras para acompañar el estribillo son la carta de presentación perfecto. El tema cuenta cómo se obliga a los adolescentes a cumplir con las normas de la escuela, aunque a veces no sean las mejores, por no decir que “School Sucks”, tal como se iba a llamar la canción. Escuchar a Rivers Cuomo decir eso con los años que tiene sería lamentable, la verdad. Una cosa es sonar a lo de antes y otra es cantarle a lo que te ha pasado en el instituto esta mañana. Esa mañana. ¡Aquella mañana!

“Shine again”, “Don’t make it weird” confirman las sospechas de que este disco suena al Weezer del Pinkerton y Blue Album. La colaboración de Karly Hartzman (cantante de Wednesday) sirve para hacer un diálogo entre dos personas o ideas que estuvieron unidas en su momento y acaban por separarse irremediablemente. El resto de las canciones siguen redundando temáticamente con la melancolía del pasado, pero no tratado como derrota si no como los cimientos de su existencia como banda, con ironía y con ganas de seguir.

C.E.O. es la canción que denuncia el hastío que puede sentir alguien que vive por la música, sucumbe al éxito de su obra y se convierte en la marca de ese sonido. Así dice Rivers Cuomo haberse sentido con su banda en alguna ocasión. “Here comes the CEO” reza el estribillo y, adrede, empieza una canción que recuerda descaradamente a “Undone (The Sweater Song)” para quejarse de que la industria quiere que Weezer haga de ellos y no hagan nada nuevo. No perdáis la oportunidad de ver el video si podéis. Aunque le falta naturalidad por ser algo premeditado, recuerda a esas actuaciones televisivas de Nirvana o Los Planetas haciendo playback haciendo notar que estaban ahí porque el contrato de promoción de la casa discográfica les mandaba hacerlo.

Jolines, pues al final si que les va a quedar un disco apañado a estos tipos. Pero, ¿qué han hecho nuevo para que suene como antes? A una pregunta tan tonta, una respuesta muy obvia. Normalmente Rivers ha compuesto los temas y se grababan en el estudio con la eficiente disciplina aprendida de cualquier trabajo. Para esta ocasión las ideas nacían de la interacción de tocar unos frente a otros en el mismo sitio, sin ninguna idea preconcebida del compositor. Si Weezer suenan a algo, es porque todos han puesto de su parte y así han trabajado los 10 temas. También le han pegado una patada al PIC, pic, pic, pic que encaja todo dentro del registro digital de la obra. ¡Apaga eso, anda! exclamaría alguno con alivio cuando decidieron que todo iba a ser más orgánico, menos predecible y más divertido. Eso se nota en todo el disco.

Aunque no haya ningún tema memorable que cierre giras, el sentimiento de autenticidad de la banda explica el color del álbum dorado. Stay Gold! explica Bell que se refiere a lo que Ponyboy dice en la película The Outsiders por siempre intentar mantenerse auténtico con lo que haces con la capacidad de seguir asombrando