Rivas Vaciamadrid, 3, 4 y 5 de julio de 2025. Auditorio Miguel Ríos

El verano madrileño está inundado de conciertos y festivales en cada esquina, pero hay festivales que se disfrutan, y luego están los que, además, se sienten; Río Babel, sin duda, es de los segundos. En su novena edición, el Auditorio Miguel Ríos de Rivas se ha convertido durante tres días en un auténtico festival de emociones, donde el calor, la buena música y el buen ambiente han sido los protagonistas.

El Río Babel demuestra que el festival no es solo música, sino una experiencia especial. Su ambiente permite experimentar desde las fiestas de tu pueblo y la adrenalina de los pogos hasta la extravagancia de los escenarios. Con esa gran energía, más de cincuenta mil personas disfrutaron de Katy Perry, The Offspring, Molotov, La Pegatina, Bomba Estéreo, La M.O.D.A., Amaia, La Casa Azul, entre otros, en conciertazos donde el intenso calor no frenó ni a los talentosos artistas ni a la energía y los bailes de la gente.

Aitziber Pulido

Aitziber Pulido

Redactora

Ángel Muñoz

Ángel Muñoz

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Fueron tres días intensos de música en los que el público pudo escoger entre tres escenarios diferentes y el espacio de Babel Comedy, el rincón ideal para quienes querían cambiar de aires y echarse unas buenas risas con los monólogos. Cada día fue distinto; mientras que el viernes arrancó con la entrega absoluta de los artistas nacionales sobre el escenario, el segundo día el público saltó de emoción con el rock, y el último día, el público sencillamente alucinó y se emocionó con espectáculos extravagantes y pop de los artistas que dejaron a todo el público boquiabierto.

El viernes el festival arrancó con el magnetismo y la frescura de Iseo, abriendo paso a un día que tuvo pura celebración de lo cercano. Amaia volvió a hacer de lo delicado algo enorme, con esa naturalidad suya que desarma, ofreciendo un verdadero espectáculo al tocar el piano, el arpa y todo instrumento que pillaba. La M.O.D.A. levantó al público como si cada canción fuera la última, y Chambao puso ese atardecer que parecía diseñado para quedarse un rato más del previsto. Entre canción y canción se hicieron necesarias reivindicaciones a la educación infantil y a las víctimas de Venezuela, donde nos quedamos profundamente marcados por la contundente frase de los profesores infantiles: «no guardamos, educamos». El punto álgido de la fiesta lo puso La Pegatina, que desató la locura del público convirtiendo el escenario en un auténtico fiestón de pueblo, una verbena repleta de confeti donde era imposible no saltar, dejando el terreno listo para Ultraligera, encargados de cerrar de forma definitiva las actuaciones del día. Fue el broche perfecto para una velada que se sintió como una gran reunión de amigos, donde se compartió mucho más que la música.

El sábado la adrenalina se disparó por los aires en una jornada con un fuerte carácter internacional. El día arrancó con el trap tierno de Irepelusa y la sensibilidad de Ilan Amores, seguidos del bailable Eskorzo y el fantástico debut pop-rock de Chiquita Movida, la nueva aventura musical de Rayden. Al caer la tarde, Molotov se desató agitando al recinto con sus rimas más críticas y un directo que puso a saltar a todo el público. Finalmente, los veteranos The Offspring firmaron el plato fuerte con un viaje a otra época; una fiesta llena de confeti, balones gigantes y donde los californianos se metieron al público en el bolsillo charlando constantemente con ellos y desatando la locura gracias a la brutal potencia de su batería Brandon Pertzborn.

El domingo se convirtió en el broche de oro indiscutible del festival, regalándonos una jornada mágica y llena de energía. La tarde arrancó con el pop divertidísimo y ochentero de Tú Peleas Como Una Vaca y el romanticismo de Yami Safdie, preparando el terreno para Bomba Estéreo. Los colombianos firmaron el concierto más colorido del festival, transformando el recinto en una pista de baile electrónica y tropical propio de un buen festival. El plato fuerte llegó con Katy Perry y su alucinante espectáculo pop; un despliegue de color y coreografías impresionantes que dejó a todo su público alucinando cuando la artista se metió dentro de una botella gigante para lanzarse directamente sobre la gente. Finalmente, quienes aún guardaban fuerzas disfrutaron del maravilloso grupo de La Casa Azul, cuya puesta en escena sirvieron como el colofón perfecto para cerrar el festival a lo grande.

Lo mejor de Río Babel no es únicamente el cartelazo que ha tenido este año, sino el buen ambiente y los distintos estilos musicales que hacen que un festival sea grande, lo que demuestra que en la variedad está la verdadera magia de la música. Lo que hace único a este evento es su capacidad para difuminar las barreras entre géneros musicales, logrando que un público tan plural comparta una misma sonrisa. Río Babel despidió el fin de semana pasado con la certeza de haber creado una experiencia colectiva inolvidable donde la diversidad, fiesta y respeto fueron los grandes cabezas de cartel. ¡Esperamos con impaciencia la edición del próximo año!