Murcia, 1 y 2 de mayo de 2026. Recinto La Fica

Murcia inaugura la temporada de festivales entre himnos, pogos y algún que otro sprint entre escenarios.

Murcia volvió a latir al ritmo de guitarras, pogos y atardeceres de festival en una nueva edición del Warm Up Estrella de Levante. Durante los días 1 y 2 de mayo, el recinto de La Fica se convirtió una vez más en punto de encuentro para miles de personas dispuestas a inaugurar la temporada festivalera entre himnos generacionales, descubrimientos inesperados y ese ir y venir constante entre escenarios que forma parte de cualquier gran festival.

Borja Peinado

Borja Peinado

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María Rueda

María Rueda

Redactora

En líneas generales, la organización volvió a estar a la altura y el Warm Up confirmó por qué sigue siendo una de las citas más esperadas del calendario. Barras, baños y colas funcionaron con bastante fluidez, algo que siempre se agradece cuando el recinto está lleno y los horarios aprietan. Quizá el punto más mejorable estuvo en la distribución de la zona VIP, situada en una posición bastante protagonista dentro del recinto, lo que en algunos momentos hacía más complicado el paso entre escenarios y generaba cierta sensación de agobio en los accesos. Más que por aforo, daba la impresión de que muchas veces la concentración de gente venía por ahí. El sonido también dejó sensaciones algo irregulares en algunos momentos. En escenarios como Ballantines, conciertos como los de Biznaga o Viva Belgrado habrían lucido todavía más con algo más de potencia, y en ElPozo King Upp también hubo pequeños detalles técnicos durante actuaciones como la de León Benavente. Nada que empañara la experiencia, pero sí aspectos que podrían pulirse de cara a próximas ediciones.

El viernes dejó una de esas jornadas especialmente redondas, con nombres muy distintos entre sí pero que encajaron perfectamente en el pulso del festival. Sanguijuelas del Guadiana supieron ganarse al público desde el primer momento, muy coreados y con esa sensación de estar viendo a una banda que está creciendo a pasos agigantados dentro del circuito festivalero. Porque, a estas alturas, ¿quién no se sabe ya Revolá y la canta a pleno pulmón? Fue de esos conciertos donde el público prácticamente forma parte del show. Después llegó Biznaga y probablemente uno de los directos más sólidos de todo el fin de semana. Intensidad, actitud y un público completamente entregado hicieron que el ambiente fuese de los mejores del festival. Fue un directo arrollador, de esos que te sacuden desde la primera canción, y confirmaron que están en un momento absolutamente impresionante. Con León Benavente poco queda por añadir: nunca fallan. Son una apuesta segura, de esas bandas que sabes que siempre van a responder. Contundentes, precisos y con esa capacidad de mantener la tensión de principio a fin, volvieron a demostrar que, con ellos, el festín siempre está asegurado.

También hubo tiempo para Ultraligera, que mantuvieron el nivel de una jornada muy equilibrada y aprovecharon para presentar los nuevos temas de su gira Lapsus. Y si algo quedó claro, es que suenan muy bien.

El sábado arrancó con esa sensación de que todavía quedaba mucho por vivir. Repion fueron una de esas confirmaciones que ya venían avisando. Después de verlas en el SanSan Festival y salir ya alucinando, volvieron a demostrar que lo suyo no entiende de horarios complicados a las seis de la tarde: salen, se suben al escenario y lo revientan. Frescura, actitud y muchísima personalidad.

Uno de los momentos más especiales del fin de semana llegó con Carlos Ares. Su concierto tuvo ese equilibrio difícil entre intimidad y festival masivo, consiguiendo que canciones como Peregrino sonaran enormes. Fue precisamente ahí cuando el público respondió con más fuerza: todo el mundo cantando al unísono y esa sensación de que durante unos minutos todo retumbaba alrededor del escenario. El salto internacional lo puso Bloc Party, uno de los nombres más esperados del cartel. Su paso por Murcia dejó varios de esos himnos que funcionan casi por memoria colectiva y que convierten cualquier festival en una celebración compartida, pero si hubo una canción especialmente coreada fue Banquet, que despertó a nuestro yo de veinte años y confirmó por qué sigue siendo himno imprescindible de cualquier playlist indie que se respete.

Quedó también esa sensación inevitable que dejan todos los festivales: la de no poder llegar a todo. Porque por mucho que una lo intente, en esto siempre toca elegir y asumir alguna renuncia. Se quedaron por el camino nombres como Las Petunias, Deadletter, Rusowsky o Guitarricadelafuente, de esos conciertos que sabes que habrían merecido la carrera entre escenarios pero que el horario —y el cuerpo— no siempre permiten. El cambio de registro llegó con Ojete Calor, que transformaron el recinto en una auténtica fiesta y karaoke. Entre el humor, el absurdo y el subnopop más descarado, volvieron a demostrar que pocas bandas entienden tan bien cómo levantar a un público festivalero.

Lori Meyers dejaron además uno de los momentos más comentados del fin de semana incluso antes de subir al escenario principal. La banda sorprendió con una actuación inesperada en la Plaza de la Universidad de Murcia, un pequeño regalo para la ciudad que sirvió como antesala perfecta a su concierto en el festival y que reforzó todavía más esa conexión especial con el público murciano. Ya por la noche, su actuación volvió a funcionar como ese punto de encuentro generacional que siempre consiguen. Himno tras himno, el público respondió como se esperaba, y el broche con fuegos artificiales terminó de convertir su paso por el festival en uno de los momentos más celebrados del sábado. Entre los últimos grandes directos estuvo también Viva Belgrado, que aportaron el punto más intenso y emocional de la jornada. Su directo mantuvo esa fuerza cruda que los caracteriza y dejó esa sensación de cierre emocional perfecta para una jornada que fue claramente de menos a más.

Y para quienes todavía guardaban energía después de dos días de festival, Fatboy Slim fue el encargado de cerrar el escenario principal el sábado, poniendo el broche final con esa mezcla de euforia colectiva y resistencia festivalera que solo aparece cuando ya no quedan fuerzas, pero nadie quiere irse todavía.

Porque si algo dejó claro esta edición del Warm Up es que  sigue siendo uno de esos festivales que marcan el calendario desde mucho antes de que llegue mayo. Murcia respondió, el público estuvo ahí y la música hizo el resto. Nosotros, por si había alguna duda, ya estamos pensando en volver el año que viene.