DISCO DEL MES DE JUNIO DE 2026
Sonido Muchacho
Tras más de veinte años de trayectoria y lejos de caer en el agotamiento o en la comodidad, el séptimo disco de Triángulo de Amor Bizarro llega cargado de renovación, militancia y autoafirmación. En Mi Catedral encontramos una banda en plenitud creativa, repleta de fuerzas, liberada y entregada totalmente a su proyecto musical.
En una época de degradación moral y carente de referentes éticos, Mi Catedral resulta toda una declaración de principios.
Primero en lo musical. Tras dos discos explorando su vertiente más tecnológica, con los teclados, los sintetizadores y las programaciones aportando mucho peso, la banda decide mirar a su origen tanto con la vuelta a una composición y una creación más orgánica y clásica, como con su retorno al formato trío original, conservando el núcleo duro de la banda tras la salida de Zippo.
Pakito Serrano
Redactor
Después en lo espiritual. Mi Catedral resulta su disco más directo e incómodo, el más antiautoritario. Un trabajo menos críptico, pero con más filo. Sí, Triángulo siempre han sido políticos y críticos, sin embargo, esta vez sus canciones resuenan más punzantes y actuales, nos hablan de lo que está pasando y de cómo nos atraviesa. No es casualidad. El propio grupo lo ha explicado, el arte, y su música lo es, no puede permanecer impasible ante la terrible situación social y geopolítica actual.
Musicalmente tenemos un disco con un sonido que, en varios tramos del álbum, resuena al indie rock alternativo de los noventa, con claros ecos a Sonic Youth o Dinosaur Jr., y en el que también se aprecian momentos más power rock al estilo Yo La Tengo, en unos cortes que muestran una vertiente más luminosa del triángulo y en los que brillan las melodías, que son pura heroína. Siempre sin perder su identidad sonora, ese sonido totalmente reconocible e inconfundible de los TAB se deja arrastar hasta pasajes de pop, grunge, free jazz o indie dosmilero.
Como parte de este reinicio la banda ha cambiado su forma de componer. Con una gran mayoría de las canciones compuestas al piano, Mi Catedral expande el universo particular de Triángulo de Amor Bizarro añadiendo nuevos matices e instrumentos, como el propio piano, guitarra española o arreglos de cuerdas, que no funcionan como adorno sino como parte estructural de las canciones. Ya la canción que abre el álbum, “SMT en el Palacio Real”, es una perfecta muestra del nuevo cariz de los gallegos, arrancando como una balada al piano, rompiendo cualquier expectativa previa, para después estallar en violenta distorsión guitarrera.
Ese contraste entre delicadeza e ímpetu recorre todo el LP, construyendo una experiencia sonora que es a la vez expansiva y opresiva. Capas y capas de sonido se suman generando fatiga, pero también una extraña sensación de claridad. Para que todo eso funcione y tenga sentido el trabajo de Carlos Hernández-Nombela a la producción vuelve a ser, una vez más, excepcional. Su unión con los Triángulo tanto a los mandos de la producción como en la mesa de sonido en muchos de sus conciertos es, sin duda, una de las más productivas de la escena y extremadamente valiosa en el resultado final de los discos de TAB.
Espiritualmente para Triángulo Mi Catedral no es un templo religioso, sino un espacio construido colectivamente desde el que puedas resistir. Ese concepto de “catedral” es, precisamente, la clave de bóveda del disco. En ella (o desde ella) los Triángulo no predican desde la distancia, sino que observan, asimilan y se implican y manifiestan a través de sus voces y la unidad mínima de lucha que es su banda.
Desde ese púlpito se despliega un álbum profundamente contemporáneo. Las letras tratan frontalmente los grandes males de nuestra época: redes sociales, algoritmos, vigilancia constante, explotación, guerras y tensiones geopolíticas. Nos hablan de una sociedad en la que la religión y la moral ha sido sustituida por una fe ciega en el algoritmo, en la pantalla, representados como esos “dioses digitales” que moldean la forma de pensar y de sentir de la población.
Lo interesante es que no lo hacen mediante un discurso abstracto, sino que está lleno de un realismo áspero. El grupo nunca ha sido dado al optimismo naïf, pero en esta ocasión se percibe una urgencia distinta, más apremiante si cabe: alertar del terreno ganado por estas amenazas y de las terroríficas consecuencias que pueden tener si no nos organizamos y nos enfrentemos a ellas, con una mirada que abarca desde lo más cercano, como sus familias y amigos, hasta lo más global como el genocidio de Palestina o los nuevos tecno feudalismos.
Si algo deja claro Mi Catedral es que Triángulo de Amor Bizarro siguen siendo una anomalía necesaria. En un contexto donde lo alternativo y lo subversivo corre el riesgo de diluirse en fórmulas previsibles y teledirigidas, ellos insisten en incomodar, en señalar, incapaces de cantar cosas felices cuando ahí fuera “el mundo se cae a pedazos”, incapaces de permanecer callados ante tanta injusticia.
Porque al final, y aquí reside la verdadera fuerza del disco, su catedral no es un lugar al que escapar, sino uno que levantar juntos para poder resistir y combatir, con los que nos rodean, con quienes están ahí, como su música cuando más la necesitamos. Esta es la forma de los Triángulo para seguir en pie cuando todo lo demás parece diseñado para derrumbarse.