Fernando Tello

Fernando Tello

Redactor & Photo

DISCO DEL MES DE JUNIO DE 2018

InsideOut Music

Mucho hablamos de los verdaderos predicadores del desierto en los años 80 y 90. En aquellos años la música independiente no existía y comenzaban a aflorar en España bandas que además cantaban en castellano, cuando la moda era cantar en inglés. Nombres como Los Planetas o anteriormente Surfin’ Bichos, los verdaderos predicadores del desierto, no hacían nada más que recorrer un largo trayecto de auténtico páramo con una cantimplora a medio llenar y sin saber cuando iba a durar su experiencia. Ahora, en 2018, puedes llegar a reírte de todo eso, mirando hacia atrás con cierto anhelo y sollozando que éramos felices escuchando esos temas, que poquita gente metía en sus cassettes.

Cuando una banda llega a su quinto disco puede ser por dos cosas. La primera es que tienen dinero para pagárselo y además no les importa invertir en que la gente lo escuche, incluso pueden ser ya, con cinco discos, grandes estrellas, o como poco pensar que lo son, porque suenan en todas las radios y hasta salen en la tele. La segunda cosa que puede pasar es que sean tan buenos, tan brutalmente magníficos, que tengan cinco discazos como cinco soles de cualquier planeta lejano. El caso de Tundra es el segundo. Increíble es que una banda instrumental de rock progresivo tenga el recorrido de ellos y mucho más siendo de este país, donde lo más instrumental que se ha oido es la intro de algún programa de esos que dicen que son de música en directo y de artistas, de medio pelo, diría yo. 

Toundra vuelve después de la experiencia de Exquirla, y su único trabajo “Para quienes aún viven” (Superball Music, 2017) con El Niño de Elche. Vuelven rompiendo moldes, otra vez, y cerrando el que yo creo que es el disco más abierto, más delicado y más aperturista y cercano de los suyos. Un auténtico trallazo condensado en ocho cortes, cada cual con su propia personalidad y todos ellos con el sello de los madrileños. Rompen con el número romano y el disco se convierte en “Vortex”, una sala alemana a la que están siempre encantados de volver a ir a tocar. Una vez asentados en un ritmo reconocible con sus dos anteriores trabajos “III” y “IV”, Toundra ha realizado un disco que podemos decir que es muy variable y eso es lo que le hace todavía más épico. El post-rock es la seña que más les identifica, aunque navegan con sumo cuidado por el rock más melódico llegando al metal más fulgurante. Y no podemos negar que sus inicios fueron en el Hardcore. Las canciones se interpolan en un viaje que se traduce a glorioso en muchos de los tramos y dulce en otros. “Vortex” es un traslado mágico por un mundo sin explorar, por ese desierto de Dune que todavía no hemos conocido. Predicando la palabra de una nueva religión, la de lo instrumental, sin miedo a que nos guste.

Esta muy claro escuchando a Toundra que no hace falta una letra para enamorar ni lanzar un eslogan. La música engancha y los madrileños tienen mucho que decir en una escena que siempre les ha sido esquiva. Cuando una banda de aquí tiene mucho más éxito allí es que algo estamos haciendo mal y la culpa no es más que nuestra. Tenemos petróleo y caviar y se lo tenemos que comprar a otros, una lástima. Quizás “Vortex” ponga en el mapa a una banda que debería estar en la mayoría de festivales de este país, no como comparsa, no en segunda linea, sino en la primera fila.

Los temas se venden solos y no necesitan presentación. Necesitan varias escuchas para apreciar su magnificencia, pero con la primera ya te quedas prendado de muchos de ellos. “Cobra” termina con una melodía inmejorable después de una zona crítica que te quita el aire. “Tuareg” comienza arrollador para bajar en intensidad y terminar con un crescendo que hace que termines extasiado de esa potencia, cansado, pero con ganas de seguir escuchando esos redobles. “Kingston Falls” es la entrada a la puerta de un sonido más alcanzable por todos. Ese punteo es capaz de subir a los altares a cualquiera y seguro que estamos ante una de sus mejores canciones. Es la canción que tocaría interpretar en ese programa de la tele de música en directo que no existe y con la que pueden conseguir atraer al público que no conoce a Toundra. “Mojave” son once minutos a fuego medio para cocinar una obra maestra, con arreglos infinitos y sonidos a los que quizás no habían llegado nunca y que consiguen cerrar el círculo para convertirse en una banda de las de letras mayúsculas.