La Solana, 3 y 4 de julio de 2026.
Oasis Sound alcanza la madurez en su quinto aniversario y confirma a La Solana como una referencia musical del verano
Hay festivales que necesitan muchos años para encontrar su identidad. Oasis Sound lo ha conseguido en apenas un lustro. La quinta edición, celebrada en La Solana, volvió a demostrar que el crecimiento del evento no es fruto de la casualidad, sino del trabajo constante de una organización que ha sabido evolucionar sin perder la esencia con la que nació.
Durante dos jornadas, el recinto acogió a miles de asistentes en un ambiente que volvió a combinar música en directo, cercanía y comodidad. El cartel reunió a artistas consolidados del panorama nacional junto a propuestas emergentes, ofreciendo un recorrido por diferentes estilos que mantuvo el interés del público desde la apertura de puertas hasta el último concierto.
La primera jornada arrancó con Merino, que inauguró el escenario principal con un repertorio elegante y cargado de sensibilidad. Después llegó uno de los directos más cuidados del festival con Rufus T. Firefly, capaces de envolver al público con su particular universo sonoro y una impecable ejecución sobre el escenario.

José Ramón García-Carpintero
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El cambio de registro llegó de la mano de Ginebras. La banda madrileña volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los nombres imprescindibles del pop nacional, conectando desde el primer minuto con un público que respondió cantando prácticamente cada tema. Su actuación fue una de las más celebradas de la jornada.
La noche continuó con Neverland Bari y Malmö 040, dos propuestas diferentes que mantuvieron la intensidad hasta el cierre de una primera jornada marcada por el gran ambiente dentro del recinto. Más allá de la música, Oasis Sound volvió a destacar por una organización que facilita la experiencia del público, con tiempos de espera reducidos, una variada oferta gastronómica y espacios pensados para disfrutar del festival con tranquilidad.
El sábado comenzó con Paco Pecado antes de que el recinto volviera a llenarse progresivamente para afrontar una segunda jornada que fue creciendo en intensidad. Uno de los momentos más especiales llegó con Carlos Ares. Su actuación, coincidiendo con la puesta de sol, dejó una de las imágenes más reconocibles del festival y confirmó el gran momento creativo que atraviesa el artista gallego.
Poco después, Éxtasis mantuvo el nivel antes de dar paso a uno de los conciertos más esperados del fin de semana. La M.O.D.A. convirtió La Solana en un enorme coro, con miles de personas acompañando cada canción en una actuación cargada de emoción y energía que quedará entre los grandes recuerdos de esta quinta edición.
El tramo final del festival corrió a cargo de BlackPanda y Sanguijuelas del Guadiana, encargados de despedir dos días de música con un directo desenfadado y una conexión constante con el público, poniendo el broche a una edición que volvió a responder a las expectativas.
Pero si algo distingue a Oasis Sound no es únicamente su cartel. Su principal fortaleza reside en la experiencia que ofrece al asistente. El recinto vuelve a demostrar que su ubicación es uno de los mayores aciertos del festival. La distribución de los espacios, la cercanía entre escenarios, la facilidad para moverse y el ambiente que se genera permiten disfrutar de los conciertos sin las aglomeraciones habituales de otros grandes eventos. Esa dimensión humana se ha convertido en una de las señas de identidad del festival.
Como sucede en cualquier evento que aspira a seguir creciendo, también existen aspectos que pueden seguir mejorándose. Durante esta edición, la tierra acumulada en algunas zonas de la zona VIP provocó incomodidad en determinados momentos debido al constante tránsito de personas. Del mismo modo, el acceso al foso de fotógrafos en ambos escenarios podría optimizarse para facilitar el trabajo de los medios acreditados, especialmente en los cambios entre actuaciones.
Son detalles puntuales dentro de una valoración muy positiva. Quienes han seguido la evolución de Oasis Sound desde sus primeras ediciones pueden comprobar el importante salto que ha dado el festival tanto en organización como en repercusión. El aumento del público, la calidad de los artistas y la consolidación de un formato que prioriza la comodidad del asistente reflejan una evolución evidente.
Cinco años después de su nacimiento, Oasis Sound ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad consolidada dentro del panorama musical de Castilla-La Mancha. Mantener esa personalidad cercana mientras continúa creciendo será, probablemente, el mayor desafío de las próximas ediciones. A juzgar por lo vivido este fin de semana en La Solana, el festival parece haber encontrado el camino adecuado para conseguirlo.






