Benidorm, 26 de julio de 2025. Ciudad Deportiva Guillermo Amor
UN REGRESO CARGADO DE ENERGÍA QUE ABRAZA PASADO Y FUTURO EN BENIDORM
La Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm volvió a latir este viernes al ritmo de los grandes momentos musicales. Y es que 22.500 almas se dieron cita para inaugurar el XV aniversario del Low Festival, una celebración que no entendió de edades y convirtió el asfalto en un mosaico de estilos, emociones y bailes interminables.
Loles Ureña
Redactora & Photo
El arranque, al caer la tarde, ya presagiaba una noche singular. Bajo lonas ilustradas en homenaje a la ciudad, fue Judeline la encargada de romper el hielo: la gaditana brilló con un show avanzado y teatral —columpio incluido—, derrochando magnetismo y confirmando que su “Bodhiria” no es una moda pasajera. Sin apenas respiro, Xoel López ofreció uno de los conciertos más elegantes de la velada, con ese repertorio que bascula entre la nostalgia y la emoción tranquila. “Esto es una fiesta”, soltó entre tema y tema, empañando su impoluto traje blanco con sudor de satisfacción.
No obstante, el festival también sabe incendiar la pista cuando la ocasión lo pide. Ahí entraron en juego los Sexy Zebras: desenfreno, pogos y sudor colectivo con una descarga de temas directos que convirtieron por momentos el escenario en un campo de batalla mártir del rock. Igual de electrizante, otra de las apuestas seguras del Low: Varry Brava, que transformaron la noche en un mar de color y pop desinhibido, perfecto para celebrar quince años de resistencia festivalera.
Pero donde la historia se volvió leyenda fue con la aparición de los Pet Shop Boys. La mítica dupla británica no solo desplegó un arsenal de grandes éxitos —de “West End Girls” a “It’s a Sin”— sino que supieron adaptar su propuesta a los nuevos tiempos sin perder esa pulsión ochentera que los hizo universales. Entre luces, audiovisuales y coros colectivos, dejaron claro que su Dreamworld sigue conquistando generaciones.
La diversidad reinó también en los escenarios paralelos, como el de Radio 3, donde el punk rural, el funk y el shoegaze demostraron que el underground patrio tiene una salud envidiable. Desde el peculiar universo de Grande Amore hasta el ímpetu de Las Petunias, nadie bajó la guardia. Mientras, los beats electrónicos no pararon ni un minuto en la carpa dance; Marie Malarie, Coolnenas o Pau Grima firmaron sesiones infalibles para quienes querían extender la noche hasta el toque de queda.
La cita no descuidó la experiencia festivalera más allá de los cabezas de cartel: stands gastronómicos, activaciones cerveceras y búsquedas del tesoro proporcionaron un respiro lúdico entre concierto y concierto, rematando una jornada en la que la cultura musical se vivió sin etiquetas, desde el pogo a la contemplación, desde los años 80 hasta el futuro que prometen las nuevas voces.