Lúdica retórica en No tanta, tonto, de Ilegales

Desde el preciso instante en que comencé este proyecto, pensé en la canción No tanta, tonto, de Ilegales. No porque sea de las mejores del grupo, sino porque responde a la perfección al propósito de comentar y analizar letras de canciones de grupos pop y rock patrios.

He de confesar que la banda capitaneada por el ínclito Jorge Martínez es una de mis preferidas desde aquellos lejanos años 80 del pasado siglo, tan plagados de buena música como de efímeros e inanes productos de estribillos machacones para celebrar lo modernos, felices y libres que éramos entonces, a pesar de que drogas como la heroína corrían por las calles igual que golosinas vertidas por un camino que conducía casi inexorablemente a una muerte lenta o rápida, según la suerte del consumidor.

    Fernando Molero

    Fernando Molero

    Redactor

    El tema de la droga, sus bondades y miserias, ha ocupado versos y versos y canciones enteras de compositores, trovadores, solistas y grupos de toda índole y condición. Probablemente se debe a que algunos la necesitan como estimulante para afrontar el día a día de una vida que puede llegar a ser difícil o incluso una tortura. O a que en el mundillo artístico –asociado casi siempre a la fiesta y a la noche– es relativamente sencillo recurrir a ella. De ahí que se la celebre, se la tematice, se le cante. O a que invita al viaje como evasión, curiosidad o espoleta que permite el acceso a nuevos mundos y conocimientos, al entretenimiento y la diversión.

                He aquí algunos ejemplos rescatados al azar del baúl de la memoria:

            • «Heroin, be the death of me. / Heroin, it’s my wife and it’s my life. / Because a mainline to my ven / leads to a center in my head / and them I’m better off than dead». (Heroin. Tema escrito por Lou Reed en 1964 que se incluyó en el disco The Velvet Underground & Nico, de 1967).
            • «She don’t lie, / she don’t lie, / she don’t lie / cocaine». (Cocaine. Canción de JJ Cale incluida en su disco Troubadour, 1976, versionada, grabada y divulgada por Eric Clapton en Slowhand, álbum de 1977).
            • «Si la conoces te gustará / porque es la bomba que va a estallar. / No tiene pegas porque es genial. Así me gusta a mí. / Exta sí, exta no. / Esta me gusta me la como yo». (Así me gusta a mí, también conocida como Exta sí, exta no. Este himno de la Ruta del Bakalao pertenece a Joaquín Isidoro Bayo Gómez, más conocido por su nombre artístico: Chimo Bayo. Salió al mercado como sencillo en 1991).
            • «Y al cruzar la segunda calle / a mano izquierda esta vez, / me di cuenta de que había otro moro / que me dijo venga usted, por favor. / Y lo cogí en brazos porque estaba desmayao. / En el suelo lo dejé tirao y le cogí el hachís que tenía / pa ponerme bolillón. / Bolillón, bolillón, bolillón… / Siempre embolillado iba por el barrio querido de Santa Cruz, / de Sevilla Capitaaaaallllll». (Bolillón. Canción del grupo sevillano, de Los Palacios y Villafranca para más señas, No me pises que llevo chanclas, que aparece en su elepé Los grandísimos éxitos de No me pises que llevo chanclas, 1996).
            • «…pagando las cuentas / de gente sin alma / que pierde la calma / con la cocaína…». (19 días y 500 noches. Tema de Joaquín Sabina incluido en su álbum homónimo de 1999).
            • «La gente está al llegar. / Kevin monta una fiesta en el local. / Mucho MDA / lo vamos a flipar. / M.G.M.T va a sonar. / Esta noche voy a reventar / dime si tú quieres volar. / Vámonos a la parte de atrás, / tengo que disimular». (Kevin McAlister. Track incluido en el EP Realimentación, de Supersubmarina, editado en mayo de 2011).
            • «Y beber todo ese batido. / Acompañarlo después con vino. / Beber hasta emborracharme, / hasta caer rendido y levantarme. / Sigo aún borracho perdido, / pero me atrevo a contarte / que yo no puedo ser tu amigo». (Emborracharme, es el quinto tema del disco Impronta, de la banda de Loja, Granada, Lori Meyers, 2013).

    La lista sería interminable y acuden en tropel, sin haber sido convocados, Los Calis: «Más chutes no, / ni cucharas impregnadas de heroína»; Miguel Ríos: «No montes ese caballo, / va a pasar de la verdad. / Mira que su nombre es muerte / y que te enganchará»; o Emilia, Pardo y Bazán: «Suelo salir ileso de esos desastres. / Probé el caballo y no me enganché». Y hay que cerrar la puerta para no hacer interminable la introducción, porque el tema ha sido tratado en todas las épocas y ningún género musical es ajeno a él.           Recupero la canción No tanta, tonto a raíz de la triste noticia de que el polémico, indomable e incorruptible en sus convicciones roqueras Jorge Martínez, alma máter de Ilegales, padece un cáncer. Este es el comunicado que la banda ha publicado en su página web:

    En Oviedo, a 19 de septiembre de 2025. Con gran pesar debemos anunciar que todos los conciertos previstos de Ilegales quedan cancelados por tiempo indefinido debido a problemas de salud que afectan a Jorge Martínez, vocalista, guitarrista y líder de la banda. En los últimos días la situación que nos venía obligando a cancelar los anteriores conciertos se ha complicado más de lo previsto inicialmente, lo que obliga a detener por completo la actividad en directo de la banda para que Jorge pueda someterse a un tratamiento contra un cáncer. La decisión, tan difícil como inevitable, responde únicamente a la necesidad de que Jorge dedique todas sus energías a recuperarse. […]

    Cuarenta y tantos años de carrera de un tipo que ama el rock and roll (pero también otros estilos musicales, como ha demostrado con esa banda paralela que lideró y que se llamaba Jorge Ilegal y los Magníficos) por encima de todo. El bicho, el maldito cangrejo, ha doblegado, de momento, a este chico pálido para la máquina, a este joven y arrogante impenitente, a este apóstol de la lujuria que ha vivido entre las hormigas, para quien la vida es fuego y todo está permitido, que llama a la rebelión y no reclama ni un minuto de silencio, macarra impenitente que ha dejado sus compromisos musicales para entregarse con denuedo a la lucha por la vida. La muerte lo ha mirado de frente, pero nosotros deseamos que Jorge Martínez pueda ponerse, una vez más, de lao.

    No tanta, tonto está incluido en el disco Rebelión, de 2018. En general habla de los excesos del consumo de drogas y de la necesidad de tomarlas con moderación. Pero no lo hace desde una perspectiva moralista, ni desde la del consumidor que ha superado la adicción y ahora se enfrasca en una campaña de información para advertir de sus peligros. No. La opción elegida es la irónica, la humorística, la lúdica y hasta la poética. Hay en la letra un muestrario de figuras retóricas que contribuyen a ello, con las que Jorge Martínez juguetea como un chiquillo que conoce el futuro porque ha vivido con intensidad en el pasado para hablar de un presente continuo.

    Veamos. Ya en el mismo título destaca la paronomasia: «Figura que consiste en colocar próximos en la frase dos vocablos parónimos, bien por parentesco etimológico, bien por semejanza casual», según definición recogida en el libro de don Fernando Lázaro Carreter, Diccionario de términos filológicos, editorial Gredos, tercera edición, 4ª reimpresión, 1977, p. 314, al que recurriremos cuando sea preciso delimitar el significado del resto de figuras literarias.

    A «Tanta» y «tonto» las une esa similitud circunstancial de la que habla Lázaro Carreter, ya que ambas palabras son casi idénticas, salvo porque difieren en sus vocales. Mismo número de letras, idéntico orden consonántico. Podrían confundirse porque su sonido es muy parecido, aunque se refieren a dos realidades distintas. Por un lado, «tanta» funciona como un pronombre indefinido que sustituye a un sustantivo que intuimos pero que no se nombra. Mientras que el adjetivo «tonto», que no necesita explicación, alude a una persona que anda escasa de entendimiento o de razón. Con su fortuita y afortunada asociación se consigue una explosión de sentidos que va mucho más allá de la simple enunciación lingüística. Tenemos la alianza fonética que remite, además, inexorablemente, gracias a la repetición, a lo musical. Pero también la elipsis que crea un misterio. Misterio que se desvelará a lo largo de la canción cuando descubramos que el término omitido al principio no es otro que la palabra «droga». Y rizando el rizo interpretativo quizá exista un ligero oxímoron en el choque homófono, pues «tanta» remite a una cantidad indeterminada de algo que se intensifica y se enfatiza en abundancia, mientras que «tonto», como ya hemos visto, alude a la escasez de inteligencia, a una rebaja de la capacidad cognitiva o de aprendizaje de alguien; en suma, mucho frente a poco.

    La canción parece dirigirse a un «tú», una segunda persona que bien podría ser un desdoblamiento del yo lírico, toda vez que tras la doble repetición del primer verso, quien asume la voz cantante es este «yo» que pasa a contar su experiencia y las sensaciones que la droga le ha procurado. «Si te pones, no tomes tanta, tonto. No tanta, tonto.» Así comienza. Corrobora y amplifica lo expuesto en el párrafo anterior añadiendo una nueva palabra: «tomes», que comparte con las dos anteriores la consonante dental oclusiva sorda «t» y el sonido nasal de la «m» y la «n». Sin desdeñar la correlación fónica existente entre la segunda persona del presente de indicativo del verbo pronominal ponerse: «pones» y la del verbo tomar: «tomes». Amén de esas «es» y esas «oes» punteadas por las «aes» de la palabra «tanta». Estaríamos ante un caso evidente de aliteración, es decir, de repetición de una serie de sonidos acústicamente semejantes en un enunciado. Dicho artificio retórico genera por sí mismo un ritmo y un extrañamiento, al tiempo que provoca en el oyente esa sensación de estar inmerso en un rumoroso oleaje de vocales y consonantes que vienen y van para llamar su atención.

    Ataca Martínez la que podría considerarse primera estrofa de la canción con una contundente hipérbole: «Me he metido una montaña». Además de la exageración, la palabra «montaña» actúa como metáfora pura, al desplazar el término real: «droga», o más concretamente cocaína en cantidades industriales, por otra imagen que viene a suplantar esa realidad.

    No puedo dejar de pensar en el actor Al Pacino y en la magnífica película de Brian de Palma, El precio del poder (1983), remake de esa obra maestra del cine negro dirigida por Howard Hawks en 1932, titulada Scarface, el terror del hampa. En una de sus secuencias, el mafioso cubano instalado en Miami al que da vida el actor italoamericano hunde la cabeza en una pequeña montaña de cocaína que tiene en la mesa de su lujoso despacho antes de enfrentarse a una muerte segura tras ser acorralado por las fuerzas de seguridad que pretenden darle caza.

    Después de la hiperbólica declaración para asumir la condición de consumidor, los versos siguientes funcionan como una perfecta antítesis. «Paraísos artificiales» llaman a esos lugares a los que se viaja gracias a los efectos de determinadas drogas, y a veces son equiparados con el lugar imaginario al que llamamos cielo. Otras, por el contrario, se asemejan al tránsito por pasadizos oscuros que conducen al mismísimo averno. «Me he metido una montaña / y no encuentro el paraíso. / Más bien esto es el infierno. / ¡A ver si van a ser lo mismo!». La búsqueda ha sido infructuosa. Al otro lado no hay gloria y sí, tal vez, dolor, abismo, vacío. O eso o que la existencia humana es una mezcla indivisible de placeres efímeros y eternos sufrimientos. Vuelve a aflorar ese sentido del humor del que la canción hace gala en todo momento. Y enlaza con la estrofa siguiente, en la que se reconoce que la ingesta de droga, por mucha que sea su calidad y maravillosos sus efectos, es una sinrazón, una estupidez de la que nada bueno se puede sacar. He aquí un mensaje positivo que queda anulado y claramente subvertido por el último verso: «Aunque es droga de la buena / esto no tiene sentido. / Voy a dejar esta mierda, / pero hoy no, mañana mismo». He aquí una irónica procrastinación.

    Y, por último, los seis versos finales, presididos por la presencia repetitiva del verbo «ver» están plagados de figuras literarias como la anáfora (repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase) o el paralelismo sintáctico (mantenimiento de una misma estructura en dos o más frases o enunciados), que junto con la metáfora, ayudan a Jorge Martínez a desplegar una serie de visiones presumiblemente coligadas a esos otros mundos o percepciones del nuestro o de los demás que han sido distorsionadas por la mente tras el uso y abuso de determinadas sustancias: «He visto en unos ojos / la astucia del tigrillo. / He visto en unos ojos / la furia del jaguar, / la selva primigenia / y el pecado mortal. / Veo un mundo muy borroso / de contornos imprecisos, / una niebla en la que floto, / creadora de espejismos».

    Como posible autoconsejo que hacerse a uno mismo no está mal eso de «No tomes tanta, tonto», ya que el resultado jamás puede ser bueno, ni para la salud, ni para el bolsillo, ni para preservar nuestras relaciones con los demás. La literatura médica ha demostrado sobradamente las nefastas consecuencias del consumo de drogas (ilegales). La sociedad repudia y señala a quienes las toman, por mucho que en determinados ambientes estén incluso muy bien vistas. Las familias sufren abandonos, destrucción y, en última instancia, pérdidas irreparables.

    Imagino a Jorge Martínez (siempre joven y arrogante a sus 70 años) enganchado ahora a drogas legales, luchando por vencer al cáncer que le ha anidado dentro, diciéndole a los médicos aquello de «Hola, mamoncete, / ¿qué haces por aquí? / ¿Buscas algo que comprar?». Desde aquí, quienes por los viejos tiempos seguimos considerándonos unos macarras y unos horteras y pensamos que si Europa no ha muerto todavía está en la UCI, que el norte está lleno de frío, que queremos habitar en la casa del misterio porque continuamos enamorados de Varsovia, aunque no tengamos ningún problema sexual, le deseamos una pronta recuperación a Jorge Martínez. Muchos directos se han quedado en el aire. Necesitamos su agresiva actitud vital porque la vida es dura y cada mañana al despertarnos e ir al baño vemos a un tipo dentro del espejo que nos mira con cara de conejo.

    ¡Mucho ánimo para quien nos ha hecho tan felices con su música!