Alcalá de Henares, 25 y 26 de septiembre de 2026.

CANCIONES QUE VUELAN, CALOR Y UNA MURALLA DE FONDO

Hay lugares que parecen hechos para celebrar un festival y la Muralla de Alcalá de Henares es, sin duda, uno de ellos. El escenario, las piedras, el ambiente y ese punto histórico que rodea todo hacen que el Muralla Indie tenga algo especial incluso antes de que empiece a sonar la música. Este año, además, el verano decidió alargar su estancia hasta finales de septiembre, así que tocó disfrutar del festival con temperaturas que poco tenían que ver con el otoño.

Borja Peinado

Borja Peinado

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María Rueda

María Rueda

Redactora

Llegamos el viernes para ver a Xoel López, que era el encargado de abrir nuestra jornada a las 18:30. Éxtasis eran los primeros en inaugurar el festival, pero entre el horario laboral y el habitual atasco para salir de Madrid a esas horas, las cinco de la tarde se nos quedaban un poco lejos. Queda pendiente para otra ocasión.

Xoel fue, como suele ser Xoel, una apuesta segura para empezar. Su mezcla de temas nuevos, canciones ya conocidas y esa Historia Universal de Deluxe, consiguió que poco a poco el público fuese entrando en calor. Una pena que el sonido no acompañase del todo al principio: desde algunas zonas laterales se escuchaba demasiado bajo. Aun así, fue el mejor comienzo para lo que se venía.

Love of Lesbian llegaron con su gira de despedida. Aquí ya entraba en juego algo más que un buen concierto. Hay canciones que tienen la capacidad de llevarte directamente a otros momentos de tu vida, y eso es exactamente lo que ocurre con 1999 o Incendios de nieve. Las letras, los recuerdos, todo lo que te hacen sentir… Hay algo inevitablemente emocionante en escuchar canciones que llevan tantos años contigo y descubrir que todavía consiguen removerte por dentro.

También influye saber que estás viendo una gira de despedida. De repente, algunas canciones pesan un poco más y eres mucho más consciente de que quizá sea una de las últimas veces que las cantes en directo con ellos. Así que sí, aquí hubo una pequeña lloradita, como era de esperar.

Terminamos el viernes con Sanguijuelas del Guadiana. Los extremeños, a pesar de su corta trayectoria, son ya un seguro en directo y no han dejado de crecer desde su explosión.

El sábado tocaba volver a la Muralla a las cinco de la tarde. Y sí, hacía muchísimo calor. Treinta grados en septiembre no parecen precisamente el escenario ideal para un festival, pero el cartel tenía motivos suficientes para volver.

El primero fue Anni B Sweet, que presentaba parte de su nuevo disco ALEGRÍA que sale a la luz el 14 de octubre. Y qué voz. Tiene ese punto de diva de los años sesenta, elegante y magnética, que hace que parezca que está actuando en otra época. Fue uno de esos conciertos en los que merece la pena llegar pronto y aguantar el calor, porque lo que está pasando encima del escenario lo compensa.

Después llegaron Sexy Zebras, que cambiaron completamente el ambiente. Fue imposible quedarse quieto: un concierto muy bailable, con el público completamente entregado, saltando y bailando prácticamente todo el rato. De esos conciertos que te hacen olvidarte del calor y del cansancio durante un buen rato.

Y para terminar, Lori Meyers. Otro viaje al pasado, aunque esta vez bastante más festivo. Porque empiezan a sonar las primeras canciones y te das cuenta de que, aunque haya pasado el tiempo, te sabes prácticamente todas. Presentaron también temas nuevos como MALAFOLLÁ, pero hubo espacio para muchos de esos clásicos que forman parte de la memoria musical de varias generaciones. Y quizá lo mejor fue precisamente eso: que cuando terminó, nos quedamos con ganas de que siguiera un rato más.

El cartel de esta edición completaba la programación con nombres como Pignoise, La La Love You, Samurai y Éxtasis, además de los artistas que pudimos disfrutar durante el fin de semana.

En cuanto a la organización, hubo algún que otro contratiempo durante el finde: se fue la luz varias veces, con las consiguientes colas y alguna bebida que llegó bastante menos fría de lo que nos hubiera gustado. El sonido también dio algún problema al principio y, con el calor que hizo, unas cuantas sombras más tampoco habrían venido nada mal. Pero bueno, son cosas que pueden pasar y, al final, todo se fue solucionando y pudimos disfrutar del festival sin mayor problema. Así que por nuestra parte, ninguna duda: el año que viene volvemos.

Porque al final el Muralla Indie tiene algo difícil de conseguir: un recinto espectacular, un cartel que mezcla generaciones y estilos dentro del indie nacional y un ambiente en el que es fácil pasar de descubrir algo nuevo a cantar canciones que llevan años acompañándonos.

Y quizá esa sea precisamente la gracia de un festival así. Que en un mismo fin de semana puedas descubrir lo que está por venir con Anni B Sweet, bailar con Sexy Zebras, reencontrarte con Lori Meyers y despedirte de Love of Lesbian mientras una canción te devuelve, por unos minutos, a un momento de tu vida que creías mucho más lejos.

Todo eso, además, con una muralla de fondo.

No está mal para el último fin de semana de septiembre.