Granada, 15 y 16 de mayo de 2026. Recinto Fermasa Armilla
Armilla se viste de festival en su feria de muestras para dar cabida a buena música y comida de primer orden
El Degusta Fest Armilla volvió a demostrar que hay otra forma de hacer festivales. Una donde la música importa tanto como la experiencia completa. Dos jornadas con carteles alejados de la repetición constante del circuito nacional, gastronomía de alto nivel y un ambiente cómodo que convierte al festival granadino en una de las propuestas de formato medio más interesantes del país.
El viernes tenía claro sabor nacional. La tarde arrancó con Vera Fauna, que siguen creciendo a una velocidad tremenda. Los sevillanos ya tienen canciones que funcionan como auténticos himnos y una personalidad cada vez más definida sobre el escenario. Lo suyo parece cuestión de tiempo: pronto estarán ocupando horarios centrales porque tienen ese algo que conecta inmediatamente con el público.
Fernando Tello
Redactor & Photo
Sara Fernández
Redactora
Fran González
Redactor & Photo
Después llegó el turno de Hinds. Mantienen intacta esa actitud despreocupada y caótica que siempre las ha acompañado, aunque el concierto dejó sensaciones encontradas. Hay energía y carisma, pero todavía da la sensación de que buscan dar un paso más para terminar de consolidar una propuesta que, por momentos, se queda a medio camino entre la espontaneidad y la necesidad de sonar más grandes.
Y entonces apareció el gran vendaval de la tarde-noche. Ash, única banda internacional del viernes, dio una auténtica lección de cómo se construye un concierto memorable. Potencia, actitud, riffs gigantes y dominio absoluto del escenario. Los norirlandeses dejaron a todo Armilla boquiabierto desde el primer minuto. Mientras muchas bandas actuales viven obsesionadas con la pose, Ash recordó que la diferencia sigue estando en las canciones y en la capacidad de defenderlas en directo. Muy diferente fue lo de Carlos Ares. El gallego lleva la perfección hasta el extremo. Todo está medido al milímetro: músicos virtuosos, una puesta en escena vibrante y un sonido impecable. Quizás tanto control haga que el concierto pierda parte de esa naturalidad salvaje que tienen los grandes directos de rock, pero el nivel musical es incontestable.
El cierre quedaba en manos de Lori Meyers, y jugar en casa siempre es un plus. Los de Loja son ya patrimonio musical granadino y una de esas bandas que han conseguido escapar de los sonidos clónicos que dominan buena parte del panorama actual. Hacen exactamente lo que quieren y lo ejecutan con una solvencia insultante. Tienen tantos himnos acumulados que podrían completar dos horas de concierto enlazando clásicos sin bajar el nivel ni un segundo. Además, en una noche fresca y con bastante frío en el ambiente, fueron los encargados de terminar de caldear definitivamente el festival.
Entre concierto y concierto también hubo espacio para reivindicar el papel de unos pinchadiscos que entendieron perfectamente de qué iba el asunto. Porque poner temazo tras temazo no es hacer florituras ni disfrazarse de DJ estrella: es simplemente tener gusto musical y saber mantener viva la energía del recinto.
Y mientras todo eso ocurría, alrededor seguían llegando platos de alta cocina que terminaban de convertir la experiencia en algo distinto. Porque en Degusta Fest no solo se viene a ver conciertos: también se viene a comer muy bien. Y ese añadido marca una diferencia enorme respecto a otros festivales.
El sábado arrancó exactamente bajo esa misma filosofía. Buena comida, buena música sonando desde primera hora y un recinto que volvía a funcionar como un reloj. A las seis de la tarde aparecieron Los Coronas para ofrecer una exhibición de surf instrumental. Son una de las mejores bandas de este país y siguen sonando gigantescos. Quien no estuvo allí simplemente se perdió una lección magistral. La potencia internacional tomó el relevo con Redd Kross. Energía desbordante, power pop al ciento veinte por ciento y una actitud juvenil impropia de una banda con semejante trayectoria. El tramo final del concierto, enlazando clásicos, terminó de levantar a un público que ya iba llenando el recinto de Armilla.
Después llegaron The Charlatans, que supieron escoger perfectamente el repertorio para mantener el festival en lo más alto. Su cantante parece inmune al paso del tiempo y el espíritu britpop volvió a sobrevolar Armilla como si nunca se hubiera marchado del todo. Elegantes, solventes y tremendamente efectivos. Quizás el momento más extraño de la noche fue el concierto de La M.O.D.A.. A esas alturas mucha gente había aprovechado para descansar y abandonar momentáneamente la zona principal. Puede que fuese la hora, puede que la propuesta no terminara de encajar con el resto del cartel. El caso es que ofrecieron un buen concierto, aunque con el paso de los minutos aparecía cierta sensación de repetición entre canciones.
El broche final llegaba desde Escocia. Primal Scream demostraron por qué son historia viva de la música británica. Qué fuerza, qué tablas y qué capacidad para arrasar un escenario. El comienzo fue demoledor y el final directamente apoteósico. Un cierre gigantesco para un festival que sigue creciendo desde la personalidad propia y desde una programación diferente, lejos de esos carteles repetidos semana tras semana en el circuito nacional.