Toledo, 13 de marzo de 2026. Sala Pícaro

La presentación de Reset, el nuevo trabajo de Ona Mafalda, llegó a la Sala Pícaro de Toledo en un formato minimalista pero efectivo. Sobre el escenario, la artista apareció acompañada únicamente por batería, mientras ella se repartía entre la voz —principal protagonista de la noche— y la guitarra en algunos momentos puntuales. El resto de la instrumentación llegaba a través de bases pregrabadas que sostenían el andamiaje sonoro del concierto. Una propuesta sobria que, lejos de restar intensidad, permitió centrar toda la atención en la personalidad vocal de la artista.

Fernando Tello

Fernando Tello

Redactor & Photo

El concierto arrancó en un ambiente casi íntimo, con apenas una decena de personas frente al escenario. Sin embargo, esa sensación inicial de recital para unos pocos fue cambiando con el paso de los minutos. Ona Mafalda defendió las canciones de Reset con seriedad y convicción, mostrando un directo bien armado y una voz que se mueve con naturalidad entre el pop contemporáneo y ciertos matices más atmosféricos. La cantante —nieta del último zar de Bulgaria— posee un timbre elegante y seguro, capaz de sostener por sí solo gran parte del peso emocional de sus canciones.

El giro inesperado llegó en el tramo final del concierto. Cuando parecía que la noche se encaminaba a un cierre tranquilo, una excursión de jóvenes italianos irrumpió en la sala justo durante la última canción. Su entusiasmo fue inmediato: la pista de baile se llenó de repente y el ambiente cambió por completo. Ante esa energía inesperada, Ona Mafalda decidió seguir en el escenario y regalar siete u ocho canciones más que acabaron convirtiendo el final del concierto en una pequeña fiesta improvisada.

Más allá de la anécdota, la sensación que dejó la actuación fue la de estar ante una artista con un proyecto sólido entre manos. La base musical está ahí, el respaldo discográfico también, y sobre todo una voz con personalidad suficiente para defenderlo en directo. El tiempo dirá hasta dónde puede llegar, pero lo que quedó claro en la Sala Pícaro es que Ona Mafalda tiene mimbres de sobra para hacerse un hueco propio.