De Juanito Valderrama y Dolores Abril a Nacho Vegas y Cristina Martínez, con parada y fonda en Pimpinela

Mis padres tenían un restaurante en la antigua carretera Córdoba-Málaga, a la altura de Fernán Núñez, su pueblo y el mío. Era aquella la vía que conectaba, sobre todo, Madrid con la Costa del Sol. Avalanchas de turistas bajaban en los meses de julio y agosto buscando las bondades del mar, de la playa y la arena, de los chiringuitos con sus maravillosos espetos.

Fernando Molero

Fernando Molero

Redactor

Como cualquier bar de carretera, en el nuestro se vendían toda clase de artículos. Los clientes podían encontrar chicles Cheiw, polos, tarrinas y pingüinos de los Helados Valencianos, Phoskitos, llaveros con adornos variopintos, navajas de Albacete, platos y cerámicas de Manises y hasta figuritas de escayola coloreadas o marcos de ocume de fabricación casera cortados con segueta por el chiquillo que era entonces. También, por supuesto, había un expositor de casetes, posiblemente el producto más demandado por quienes habían integrado en sus automóviles el moderno radiocasete que vino a sustituir a los reproductores de cartuchos, tan grandes y aparatosos.

En dicho expositor, que giraba sobre sí mismo para facilitar a los interesados la tarea de escrutar la oferta, podían encontrarse cintas de chistes verdes, de Arévalo, de Eugenio, de Paco Gandía, de Pepe da Rosa o de Emilio El Moro, con sus chascarrillos musicales; cantaores flamencos como El Chozas o El Cabrero; música de artistas melódicos, folclóricas y copleras, grupos de sevillanas; éxitos anunciados por televisión (esos eran los más caros), de The Beatles o Abba, y también recopilatorios de canciones de moda españolas o extranjeras, en lo que se conocía como «Versión Cover», es decir, copias del original interpretadas no por sus verdaderos autores sino por otros músicos que imitaban sus voces y sonidos.

Unos de los más vendidos eran los casetes de Manolo Escobar y de Juanito Valderrama, solo o en compañía de su inseparable Dolores Abril. Los aficionados a la música popular española disfrutaban con las voces claras y rotundas de esa extraña pareja, se desternillaban con las letras de lo que ellos llamaban «Peleas en broma». En ellas se tiraban pullas a costa del aspecto físico –la estatura de Juanito siempre era motivo de mofa–; de las apariencias de belleza femenina; de la familia, suegros y hermanos incluidos; de las envidias artísticas; de los malos tratos a la mujer –como si fuera la cosa más normal del mundo y nada hubiera en ellos de despreciable o punible–; de las bondades de las peleíllas en las parejas que siempre terminan bien, en reconciliación y con aclaración incluida de que todo ha sido una broma y que entre ellos triunfa el amor porque se quieren con locura y todo ha sido chistecito con la sal y pimienta de la vida.

Así que cuando escuché la canción La última atrocidad, de mi admirado Nacho Vegas, incluida en su disco Violética (2018), no pude por menos que rememorar aquellos lejanísimos días de mi infancia y adolescencia, pensar cómo habían cambiado los tiempos y su música, cómo mutado las letras de los diálogos cantados (o disparados) a dúo, de tú a tú. Y, claro, en el recorrido del presente al pasado se coló, con toda lógica, el dúo Pimpinela y su tema Olvídame y pega la vuelta, que formaba parte de su segundo álbum de estudio, nominado igual que el grupo: Pimpinela (1982).

El primer disco de peleas en broma de Juanito Valderrama y Dolores Abril se editó en 1972. Llevaba por título 12 peleas en broma. Ya eran una pareja consolidada en lo personal y en lo musical. Habían iniciado su relación en la segunda mitad de los años 50, cuando él aún estaba casado con María Vega López y tenían tres hijos. La diferencia de edad (veinte años, nada más y nada menos) no fue obstáculo para que creciera un amor entre ambos que escandalizaría a la pazguata sociedad franquista, que, a pesar de no ver con buenos ojos una pública relación extramarital, un adulterio en toda regla con separación incluida, y amancebamiento por tanto, según los cánones de entonces, les convirtió en artistas emblemas de su época. Como el divorcio era una entelequia en el horizonte de la dictadura, Juanito Valderrama y Dolores Abril no pudieron formalizar su amor hasta principios de los años 80, cuando se casaron en una ceremonia civil preludio de la eclesiástica que tendría lugar en 1987.

El dúo Pimpinela, por su parte, lo conforman dos hermanos argentinos que responden a los nombres de Lucía y Joaquín Galán. De padres españoles, los bonaerenses sentían debilidad por nuestra tierra, donde desde pequeños pasaban intermitentes temporadas. Iniciaron sus carreras musicales por separado. Él, con el grupo Claro de Luna, que más tarde pasó a llamarse Luna de Cristal. Ella como corista de la cantante Manuela Bravo y con una banda llamada Soul Montana. Sus caminos se unieron a petición materna y fue Luis Aguilé quien en España los recomendó al poderoso sello musical CBS, con el que grabaron su primer disco. Con su segundo elepé, el que contiene el tema Olvídame y pega la vuelta, despegan meteóricamente y triunfan de tal manera que hasta llegan a participar con la canción en la película titulada Los fierecillos se divierten (Enrique Carreras, 1983). Con más de una veintena de álbumes de estudio y algunos en directo, otros cantados en portugués o en italiano, incursiones esporádicas en el mundo del cine, participaciones importantes en telenovelas y como jurado de programas de televisión, los hermanos Galán son referentes musicales en toda la órbita de habla hispana tanto por el contenido de sus canciones (casi exclusivamente de temática amorosa o de asuntos que tienen que ver con el corazón) como por su especial manera de interpretarlas (teatralmente, como una conversación cantada, un diálogo, una riña de reproches, celos e infidelidades incluidos.

Y, por último, Ignacio González Vegas, conocido artísticamente como Nacho Vegas, es un músico gijonés inclasificable que se mueve entre el rock, el pop, el folk y la canción de autor y protesta. Siempre original, único, diferente, irreductible y comprometido, su carrera comienza a forjarse en la adolescencia, cuando a los 16 años se integra en la banda Eliminator Jr. Pero es con la creación de Manta Ray cuando su figura empieza a crecer. Ambos grupos le sirven de escuela musical en los 90 para fraguar una personalidad arrolladora en lo musical, inconfundible en lo vocal, intensa, directa, lírica, narrativa y profunda en lo escritural. Hasta que, como era previsible, a partir de 2001 inicia su carrera en solitario con el disco Actos inexplicables. Su crecimiento y madurez le han ido llevando por derroteros en los que combina textos con evidentes tintes autobiográficos, intimistas y metarreferenciales, con otros manifiestamente «de protesta», con mensajes que no eluden la lucha social y política. También se caracteriza Nacho Vegas por abrir su universo sonoro a compañeros y compañeras de profesión. Son memorables sus colaboraciones con Enrique Bunbury (El tiempo de las cerezas, 2006), con Christina Rosenvinge (Verano Fatal, 2007) o con Xel Pereda y su proyecto Lucas 15. Además de colaboraciones puntuales en algunas canciones con cantantes como María Rodés o Cristina Martínez, guitarrista y una de las voces de la banda pamplonica El columpio asesino, que le acompaña en la canción La última atrocidad, del disco Violética (2018).

Hechas las presentaciones, analicemos ahora en qué coinciden y difieren las letras de estas tres canciones pertenecientes a tres épocas bien distintas. Pelea en broma se graba en los estertores de la dictadura franquista; Olvídame y pega la vuelta –aunque oriunda de Argentina, también al final de la dictadura de Videla y otros secuaces de idéntica calaña–, a principios de la década de los 80, cuando en España triunfa la llamada «Movida», el partido socialista gana las elecciones y vientos de libertad soplan por los cuatro costados de la piel de toro; y La última atrocidad en momentos de crisis, de inestabilidad y polarización política, cuando los herederos de aquellos que gobernaron este país al que consideran suyo y solo suyo y los fascismos de nuevo cuño ponen en jaque no solo a quienes han sido legítimamente elegidos por los ciudadanos, si no lo que es mucho peor: al propio sistema democrático.

En el apartado de los parecidos razonables y las coincidencias más o menos manifiestas podemos señalar:

  • Abordan de forma intensa las relaciones personales (de pareja) centrándose en el conflicto, la riña y el enfado que coloca a ambos participantes a un paso del desengaño amoroso cuando no de la ruptura total.
  • Utilizan el recurso del diálogo, en el que uno ataca al otro o le da la réplica a raíz de alguna pregunta o comentario. Estructura dialogada o casi teatralizada con turnos de palabra entre una voz masculina y otra femenina.
  • Ciertas repeticiones o estructuras sintácticas paralelísticas. Pelea en broma: «Eres muy poquilla cosa / […] / Si yo soy poquita cosa», «No crece por mi jardín / […] / Que no crece por mi jardín». Olvídame y pega la vuelta: «Hace dos años y un día que vivo sin él. / Hace dos años y un día que no lo he vuelto a ver», «Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa / […] / Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios / […] Vete, olvida que existo, que me conociste». La última atrocidad: «¿Y si hacemos como si nada hubiera ocurrido? / ¿Y si empezamos de cero hoy mismo amor mío?», «Que pasan años y años en la vida / que pase un siglo, que aún seguimos igual», «Solo un día más y acabaría en desastre / Solo un día más y una nueva atrocidad / Solamente un día más para tocar fondo y aún para escarbar».
  • Tono natural que imita al lenguaje cotidiano, con expresiones coloquiales en algunos momentos.
  • Humor o exageración de los sentimientos con o sin dramatismo.
  • Aunque desde lugares opuestos en el tiempo y en la ideología, exponen roles de género estereotipándolos o satirizándolos.

En el capítulo de las diferencias, que no son pocas, habría que anotar lo siguiente:

  • En la letra escrita por Pedro Orozco González y Juanito Valderrama se recurre al verso octosílabo («El enunciado de ocho sílabas es la medida que la cabeza hispánica mejor recuerda, por eso funciona muy bien popularmente… […] Hay poemas en español con versos de todas las medidas, pero el octosílabo es el popular, el arraigado. […] Igual que el agua busca su cauce, la literatura volvió a buscar su ritmo y lo encontró en el octosílabo, ahormado en una lengua que por la longitud de sus palabras, sus esquemas acentuales y la extensión de sus frases gusta de segmentar de ocho en ocho. La música popular del siglo XX canta mucho en octosílabos.», escribe Lola Pons, historiadora de la lengua y catedrática de la Universidad de Sevilla en El País, sábado 26 de julio de 2025, p. 10.). Sin embargo, en la de los hermanos Galán y en la de Nacho Vegas se opta por versos más largos, que exceden incluso la medida del medieval y modernista alejandrino. Pimpinela combina oraciones extensas con otras directas que apenas miden tres o seis sílabas. Nacho Vegas en cambio permanece fiel a una medida constante que oscila entre versos de trece y quince sílabas, aunque en ocasiones se le cuela algún octosílabo e incluso de diecisiete sílabas.

Para muestra unos ejemplos. Pelea en broma: «Para cuidar esta rosa / tú eres poco jardinero. / Para cuidar esta rosa / tu cariño no lo quiero. / Eres muy poquilla cosa. / Solo se te ve sombrero». Olvídame y pega la vuelta: «Y aunque no he sido feliz aprendí a vivir sin su amor. / Pero al ir olvidando de pronto una noche volvió». La última atrocidad: «Y un lustro que parece un siglo por detrás. / Hay una bomba en Junquera, te cercenará las piernas».

  • También hay divergencias en lo que atañe a la rima. Quizá por esa reminiscencia más antigua y popular de la canción de Valderrama y Abril, la rima es eminentemente consonante, como se ha podido apreciar en los versos del anterior epígrafe. Sin embargo, en las otras dos no existe una estructura rítmica permanente en la repetición consonántica o vocálica al final de los versos. En la del dúo argentino, la mayoría de las veces la rima es asonante, aunque tampoco desdeña dejar versos sueltos: «En busca de emociones un día marché / de un mundo de sensaciones que no encontré». Nacho Vegas combina la rima consonante con la asonante en el juego dialéctico: «Entonces da la vuelta, cosa guapa, échate un trago. / Luego haz diez veces el camino de Santiago», «Estoy de acuerdo, cariño, empecemos, pues, de cero. / Ni nos conocemos ni nos conoceremos».
  • En su condición de andaluz, Juanito Valderrama hace uso de la lengua oral, algo común tanto en el flamenco como en la copla, e introduce términos en los que desaparece la «d» intervocálica: «Esa planta que ha nombrao / […] / Eso que tú me has llamao / […] / Que eres un chumbo pelao». Y la pérdida de la consonante final de palabra: «No es hombre ni bien nacío / el que ofende a una mujé. / No es hombre ni bien nacío / si no le da su queré / y luego la tira al río / con una piedra en los pie’». O la eliminación de una vocal átona de una palabra para unirla a la siguiente mediante un apóstrofe en lo que se conoce como elisión: «Lo tenemos q’aguantá». En calidad de asturiano comprometido, Nacho Vegas incluye en su canción un término propio de la zona. Se trata de la palabra perceguera, no recogida en el diccionario de la RAE pero sí en el DGLA, es decir, el Diccionario General de Lengua Asturiana. El vocablo vendría a significar, en sus acepciones cuarta y quinta, grima, impresión, repelús, aprensión, pesadumbre, congoja, comezón, desasosiego y, en general, sensación de fastidio. Los argentinos, en cambio, no emplean ni un solo giro o palabra que denote su procedencia, más bien al contrario, utilizan un castellano neutro, denotativo. El único matiz diferencial sería la expresión «Y pega la vuelta». Pegar la vuelta es lo mismo que dar la vuelta. Nosotros utilizaríamos siempre el verbo «dar».
  • Si bien no afecta al contenido de las canciones, las disímiles relaciones personales entre los cantantes: pareja, hermanos y amigos, puede afectar a la percepción de los oyentes o a su propia interpretación.
  • Preguntas que esperan respuesta versus interrogaciones retóricas. Los tres temas incluyen oraciones interrogativas directas, es decir, enmarcadas por signos de interrogación. En Pelea en broma solo hay una mínima representación de eso que en la nómina de recursos lingüísticos se conoce como interrogación retórica, es decir, preguntas que se formulan no para ser contestadas sino para dar más énfasis y eficacia a lo expresado, persuadir al oyente o generar una determinada emoción: «¿Cómo lo voy a sentí’?». En Olvídame y pega la puerta son tres las preguntas con sus respectivas respuestas en el conocidísimo diálogo: «¿Quién es? / Soy yo. / ¿Qué vienes a buscar? / A ti. / Ya es tarde. / ¿Por qué? / Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti». Nacho Vegas, sin embargo, emplea ambas. Incluso en ocasiones, la difusa línea que separa la intención de la pregunta y la consiguiente respuesta permite dudar de si se trata de una opción u otra. Hemos de entender que puesto que hay una persona que da la réplica, lo normal es pensar que estamos ante interrogaciones directas que permiten el intercambio de papeles entre emisor y receptor: «¿Y si hacemos como si nada hubiera ocurrido? / ¿Y si empezamos de cero hoy mismo amor mío?» «¿Y si lo nuestro fuera pura cosa del destino? / ¿Y si me lleva hacia ti cada camino?» «¿Querrías repoblar conmigo este planeta?» «¿Y si algún día se me agota la paciencia?» «¿Y si descubrieras lo que está vivo en nosotros?» «¿Y si pudiera hacer algo y cambiar la historia entera» «¿Por qué, dulzura, no te cortas los cojones?» «¿Y si todo fue mentira, todo fue mentira, todo lo que yo creí real? / ¿Y si todo fue mentira qué hago ahora con mi vida?».
  • Las canciones de Valderrama y Abril y Vegas y Cristina Martínez carecen de estribillo, algo por otra parte relativamente habitual en algunos palos del flamenco y también en la narrativa musical propuesta por el cantante gijonés desde sus comienzos. Más apegada a los estrictos cánones de la canción melódica, la de Pimpinela sí tiene su correspondiente estribillo, vitoreado por millones de personas a un lado y otro del charco desde que se hizo popular y catapultó a la fama a los hermanos Galán. Si aun así alguien no lo recuerda, aquí va: «Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa / y pega la vuelta. / Jamás te pude comprender. / Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios / que no te desean. / Estás mintiendo ya lo sé. / Vete, olvida que existo, que me conociste / y no te sorprendas. / Olvida de todo, que tú para eso tienes experiencia».
  • El léxico empleado en Olvídame y pega la vuelta es blanco, no aparece ni una sola palabra malsonante u ofensiva. En Pelea en broma, la pareja intercambia continuamente supuestas pullitas como: «Eres muy poquilla cosa», «Siendo un cardo borriquero», «Que eres un chumbo pelao», «Aunque esté ya chuchurrío». Y, por último, tal vez cosa de los tiempos, Nacho Vegas no tiene problema alguno en poner en boca de su pareja musical algunas contundentes respuestas adornadas con términos que pudieran resultar insultantes, tales como: «Que si llevamos, tesoro, juntos más de cinco otoños / y aún no aprendiste ni a comerme bien el coño», «Se me ocurre algo, si tan fácil me lo pones / ¿Por qué, dulzura, no te cortas los cojones?».
  • La diversidad y variación en cuanto a los campos semánticos sobre los que pivotan la construcción de las letras, también es evidente. En el caso de Pelea en broma hay una primera parte en la que priman los términos relacionados con la jardinería como: rosa, jardinero, cardo borriquero, jardín o chumbo pelao; y una segunda sustentada sobre lo humano: hombre, mujé, pie’, marío, pescuezo o hueso. En Olvídame y pega la vuelta hay una doble combinación entre términos pertenecientes al campo semántico de los sentimientos y las emociones: vivo sin él, feliz, amor, olvidando, desean, comprender, mintiendo, no te sorprendas, experiencia, emociones, sensaciones o ayúdame; y el de las partes del cuerpo asociadas a otras palabras ajenas que la protagonista quiere que su amante olvide: mi nombre, mi cara, mi casa, mis ojos, mis manos o mis labios. En La última atrocidad si rastreamos con un poco de detenimiento asistimos a una letra que se asienta básicamente sobre el esquema pregunta-respuesta con variación en cada estrofa. Pero si rastreamos con un poco de detenimiento, encontraremos apelativos cariñosos, eso sí, empleados con ironía: amor mío, cariño, corazón, cosa guapa, tesoro, prenda mía o dulzura. Y al menos en dos estrofas queda patente la referencia a la temporalidad, tanto en la certeza de la destrucción final de la pareja como en la posibilidad de continuar adelante, a pesar de los pesares: solo un día más, solamente un día más, tenemos años y años por delante, y un lustro que parece un siglo por detrás.
  • La última atrocidad comparte con Pelea en broma el sentido del humor, negro en el primer caso, soterrado, y más directo, facilón y reconocible en el segundo. En Olvídame y pega la vuelta no hay ni rastro del gracejo andaluz de Valderrama y Abril ni de la ironía del asturiano Vegas. Se trata de una discusión en toda regla para recriminar al amante que vuelva después de tanto tiempo.
  • Es insoslayable el papel de las mujeres en las tres canciones, si bien el mensaje y las palabras utilizados perfilan tres tipos diferentes. La aparente reciprocidad de roles en la canción de Juanito Valderrama y Dolores Abril desaparece al final con unas frases de ella en las que en lugar de afearle el comentario previo: «Ni pegarle a la mujé, aunque sea mala. / No reñirle ni pegarle. / Cogerla por el pescuezo / con mucha fuerza apretarle / se quita del mundo un hueso», asume como natural lo antinatural, eso que hoy consideraríamos como «violencia de género»: «Un hueso, ¿no?, un hueso, / un hueso irroíble. / Un hueso, pero hacemo’ mu’ buen caldo». Lucía Galán representa a una mujer que ha sufrido un abandono. El hombre se marchó un día en busca de aventuras y fantasías, pero no le fue bien, y como el bíblico hijo pródigo regresa al hogar pidiendo una segunda oportunidad. Ella nos relata su duelo: «Hace dos años y un día que vivo sin él. / Hace dos años y un día que no lo he vuelto a ver. / Y aunque no he sido feliz, aprendí a vivir sin su amor. / Pero al ir olvidando de pronto una noche volvió». La representante femenina de La última atrocidad es una mujer con las ideas claras, moderna, actual, empoderada, que toma las riendas de la separación de su pareja sin sentimiento de culpa alguno y que responde con una negativa cargada de ingenio y sarcasmo a cada una de las propuestas que su partenaire masculino le plantea. Frente a la propuesta de empezar de cero y al chantaje emocional, ella solo quiere olvidarse de todo.
  • Terminaremos con el final de las tres canciones –porque en algún punto hay que concluir–, comentar brevemente los tres finales de las canciones. La representación humorística de las diferencias en la pareja en Juanito Valderrama y Dolores Abril tiene un final feliz: «Yo sé bien que no lo siente / lo que acaba de decí. / Yo sé bien que no lo siente. / ¿Cómo lo voy a sentí’? / Si vivo para quererte / desde que te conocí». El intento del amante que retorna a lo conocido en Olvídame y pega la vuelta se salda con un portazo, con una contundente negativa: «Adiós. / Ayúdame. / No hay nada más que hablar. / Piensa en mí. / Adiós. / ¿Por qué? / Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti». En La última atrocidad, Nacho Vegas parece mendigar un poco de amor, aunque solo sea un día más: «Solo un día más para que se haga el silencio. / Solo un día más y ya no habrá más que oscuridad. / Solamente un día más y esa sería tu última atrocidad. / Solo un día más y quedaremos en paz», ante el categórico rechazo de Cristina Martínez.

Si ninguno de estos acercamientos a las diatribas de pareja es del agrado de los oyentes, puede retrotraerse un poco más, hasta los años 50 del pasado siglo. Allí encontrarán a Carmen Morell y Pepe Blanco, precursores indiscutibles de Juanito Valderrama y Dolores Abril. También ellos discutieron, por ejemplo, en la película Amor sobre ruedas (Ramón Torrado, 1954), que contaba con la participación, nada más y nada menos, que del inmenso José Isbert. Cantaban ambos fandangos y jotas de picadillo con letras como la siguiente: «Hombre tan fatuo y pedante / no lo conocí en mi vía. / Hombre tan fatuo y pedante, / vete de la vera mía / y no te pongas delante. No quieres, es que me ría. / Si no te pasas de lista, / puede que tengas razón. Puede que tengas razón, / pero te pasas de lista. / Tú eres una del montón. / Tú eres una del montón / y yo soy Pepe, el taxista. / Que yo soy Pepe, el taxista. / Que yo soy Pepe, el taxista / niña lista, y campeón. / Contigo no quiero trato / petulante y fanfarrón. / Contigo no quiero trato. / Presume como el ratón / solo hasta que llegue el gato. / Solo hasta que llegue el gato / petulante y fanfarrón. / (A dúo) Lo digo con alegría. / Yo nací para aborrecerte, / vete que no quiero verte / ni de noche, ni de día. / Ni de noche, ni de día. / Nací para aborrecerte».

Mi padre se pasaba los días enteros trabajando en el restaurante de carretera junto a su mujer y a sus hijos. Apenas se permitía algunas distracciones como asistir a algún partido de fútbol. Pero no faltaba a las pocas compañías de revista que pasaban por el Cine Ulía de invierno en Fernán Núñez en aquellos primeros años de la recién inaugurada democracia o al Teatro Chino de Manolita Chen en la feria de Córdoba. Eran otros tiempos. Fue él quien nos habló de Carmen Morell y Pepe Blanco, que hoy escucho como si investigara en la arqueología, para ver cómo éramos entonces, para comprobar cómo hemos cambiado. Pero si me dan a elegir, como cantan Los Chunguitos, me quedo, sin pestañear, con Nacho Vegas. Es más mi tiempo, mi gusto musical, mi ideología. Aunque, por supuesto, haya escuchado al resto por haber vivido aquellos días ya muy lejanos de los años 70, 80 y siguientes.

Así que si alguien es de pelear en broma (por mucho que los chiquillos de los institutos todavía rumien esa cantinela tan pasada de «los que se pelean, se desean»), hay que tener cuidado, poner tierra de por medio antes de cometer una última atrocidad. Es importante recordar que si las cosas se tuercen en el terreno del amor es mucho mejor olvidarse y pegar la vuelta, pues a fin de cuentas eso que llaman amor solo es un proceso bioquímico de menguante durabilidad.

Por si alguien está interesado en conocer las letras de las canciones de Valderrama y Abril, de Pimpinela y de Vegas en su totalidad y no desmenuzadas, puede consultarlas aquí:

https://www.musixmatch.com/es/letras/Juanito-Valderrama-Dolores-Abril/Pelea-en-Broma

https://www.musixmatch.com/es/letras/Pimpinela/Olvídame-y-pega-la-vuelta

https://www.musixmatch.com/es/letras/Nacho-Vegas-Cristina-Martinez/la-última-atrocidad