LO DE VETUSTA...

gines amarillo pen 

Ya es miércoles. Desde la noche del sábado todo son días raros y no, el recurso no es manido, es que lo han sido de verdad. Supongo que es el final del verano que ya amenaza con sus nubarrones, supongo que los finales suelen ser raros y que tenemos que dejarnos llevar un poco, disfrutar de lo trágico, saborear lo amargo.

Justo en el instante en el que mi última obturación coincidía con el platillazo final de Indio, acababa de empezar el festín de emociones. No es un secreto, a los medios gráficos generales nos dejan congelar sólo las primeras tres canciones de esta obra magna y, a lo Rosendo, prometemos estarles agradecidos. Y es que Vetusta ya es clásico, así, casi sin quererlo, como el de Carabanchel lo lleva siendo casi medio siglo ya; pero el tema no es ese, el tema es cómo te lo cuentan, cómo te llevan al lugar exacto en el momento exacto.

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Las reglas eran claras; tres canciones y ni una más, os salís por donde habéis entrado y suerte tenéis de haberlo visto tan de cerca. Un festival de segunda edición y que está empezando, como es Cooltural Fest en Almería, no iba a permitir ni un fallo de organización y así lo respetaron, y nos hicieron respetarlo. Reconozco que me hubiera quedado sentado en la valla de seguridad, delante de la primera fila, toda la noche; que se llevaran la cámara, que me dejaran desnudo, que se la llevaran, me daba igual, yo ahí delante y ellos cantándome alabanzas, historias de triunfos irrisorios y fracasos imperiales.

desde el foso vetusta 03 pop rock indieLo que hace grande a Vetusta, lo inmensa y jodidamente chocante, es que los ves ahí y son chavales como tú, es decir, entiéndase, hijos de clase media acomodada, seguro que sus padres son funcionarios o algo así; y dominan su arte hasta dar envidia. Empecé a creer que si alguno se caía encima de ese escenario lo iba a hacer a compás también, que hasta las gotas de su sudor, provocadas por el infernal agosto almeriense, saltaban en brillante armonía con la música, con el inconstante ritmo descolocador.

Pues bien, volviendo al final de la tercera canción, allí estaba yo sin mediar palabra con nadie, mirando a un lado y otro y preguntándome si era la segunda o ya la tercera. Sabía que había hecho algo bueno, mi particular visión de la música, mi mejor forma de expresión; pero no sabía cómo cojones lo había hecho, me habían evadido tanto estos malditos Morla que tendría que revisar cada toma, e intentar recordar qué bendito carajo estaba pasando en ese momento.

Uno lleva ya muchas salas encima, mucho concierto de ska con olor ácido a cerveza reseca y alquitrán desgastado, y uno sabe que las reglas están para saltárselas, aunque sea un poquito, tampoco vamos a hacerle daño a nadie por contemplar el destino pasar por delante desde un sitio algo más privilegiado. Al salir, al echarnos de allí como cualquier suerte de ganado (a veces los fotógrafos tenemos algo de bovino, eso es cierto), me pegué al rebufo del que sabía que era el fotógrafo de la organización y claro, un par de sonrisas a seguridad y ya estaba el menda en el backstage; barreras a mí.

Justo ante el precipicio de lo envolvente se encontraban distintas personas, varios músicos de otros grupos, un poco a lo caverna de Platón y no era para menos el instante. Entre ellos estaba el bajista de Second, grupo que había tocado justo antes que Vetusta, me acerqué a él porque recordé que le había hecho una buena foto, y en ese preciso instante sonó la primera nota de “Al Respirar”. Su cara lo decía todo, noté sus ojos vidriosos analizando lo que ama, la música, y me reconocí en su gesto, supongo que es como cuando yo encuentro alguna fotografía que me dice algo distinto. Tuve que contenerme, me puse a su lado y creo que ni se enteró, guardé la cámara y crucé los brazos. Como si fuésemos colegas de toda la vida me dejó sentarme a observar en su banco privilegiado, y callé como nunca hago.

desde el foso vetusta 04 pop rock indieEra impresionante, cautivador. Alguien, que acababa de poner un recinto patas arriba con un concierto exquisito, nunca mejor dicho, alguien que lleva miles de kilómetros de carretera, millones de trasteos a su instrumento; allí emocionado en un silencio de respeto y admiración por lo que es su vida. Si hubiera podido lo debería de haber retratado, pero claro, eso ya era pasarse. No sé si un par de canciones después desapareció de allí, y yo caí en que a mi lado había una chica, que me miró sonriendo y me dijo: Lo de Vetusta…

“Lo de Vetusta… Hostia, es verdad, que estoy en medio de un concierto de los putos Vetusta Morla.” 

Salí de allí y me fui con el pópulo, que es donde todos disfrutamos al fin y al cabo; hasta Pucho, que se baja del escenario en mitad del espectáculo jugándose el outfit y la salud, pero sobre todo el outfit. Aunque suelo ir con colegas me encanta perderme en los conciertos, por grandes que sean; sin ya exigencias de guión saco mi 50mm y me pongo a fotografiar todo lo que me parece interesante o curioso.

Las caras, ese ejército de luces y sombras, de llantos, sonrisas y pelos de punta, era todo un espejo atronador y colorido. Creo fielmente que estos cabrones lo hacen tan bien porque su música es la vida misma, llena de subidones y bajones, de lentitud, aceleración y desenfreno; saben de barcas mecidas en una laguna y de petroleros en medio de una tormenta perfecta, saben de hacer el amor y de follar como animales. No me gustan las comparaciones pero dudo que esto discrepe mucho de haber podido asistir a Bowie en los 80, a los Sex Pistols en los 70, a Miles Davis en los 60; me da igual el estilo, es como algo histórico, redondo y, para colmo, deja la sensación de que es solo la punta del iceberg.

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Tras muchas vueltas conseguí llegar al centro, a fila 25 o 30 y allí disfruté como un niño; las facciones, esta vez ya familiares lo decían todo. Personas, que quizás era la primera vez que los escuchaban pero allí estaban porque aman la música, se mezclaban con fieles seguidores que hubieran derrumbado Babel en ese mismo instante con un aullido ensordecedor, lo más parecido a un ejército medieval al alba de la batalla que habrán visto mis ojos.

Desde la noche del sábado todo son días raros y no, el recurso no es manido, es que lo han sido de verdad. Porque cuando esa canción suena, cierre de sus conciertos, te das cuenta de lo pequeño que eres, de lo insignificante que puede ser cualquier problema, cualquier situación que se cruce en tu vida, porque todo es hermoso según el prisma desde donde lo miremos, porque todo se puede afrontar, hasta un concierto de estos putos genios. 

En fin, lo de Vetusta…

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